Ramón Espuña: Un ‘cachorro’ sin suerte

Ramón Espuña:  Un ‘cachorro’ sin suerte

Javier Ortiz Pérez

Con el Barcelona.
Con el Barcelona.

Ramón Espuña, uno de esos jugadores que prometen mucho en categorías inferiores pero que luego, por las circunstancias que sean, no consiguen un hueco en la élite. En su caso, las ‘circunstancias’ fueron probablemente las lesiones: sufrió varias consecutivas y diferentes, alguna de ellas de auténtica mala suerte.

Espuña es de Olot, en la provincia de Girona. Empezó a jugar con 12 años en la Escola Pía de la localidad, desde donde saltó a Salt, donde formó parte de una gran historia en edad infantil. Resultó que el Colegio Pompeu Fabra infantil, un pequeño club, se alzó con el tercer puesto en el Campeonato de España 97-98, disputado en Vilagarcía de Arousa, solo superado por Estudiantes y Barcelona.

Él era la estrella de aquel equipo y poco tardó en ficharlo el propio Barcelona, donde permaneció siete años, hasta el 2005. En ese tiempo tuvo posibilidad de vivir un poco de todo: victorias en campeonatos nacionales, la llamada de la selección y, finalmente, la posibilidad de echar una mano en el primer equipo.

“Vivía en ‘la Masía’ (la residencia que tiene el Barça para sus jóvenes talentos de fuera) con muchos deportistas que luego han sido grandes estrellas”, recuerda, feliz recordando aquello. “Fue una experiencia espectacular”, añade. En la 2004-05 llegó el gran momento: debutar con el equipo azulgrana. En total fueron 66 minutos en 11 encuentros (16 puntos y 12 rebotes en total).

Aunque en principio, con sus 2,05, se especuló que podía jugar como ‘3’, lo cierto es que apenas ha dejado de actuar en posiciones interiores. Sus siguientes paradas fueron Hospitalet (LEB), Vic (LEB-2) y Tarragona (dos años en la ya denominada LEB Plata y otro en Oro). Protagonizó temporadas en las que se veía que podía dar un paso adelante, siendo un jugador útil para estas competiciones, pero en la 2009-10 tuvo una mala racha y primero se rompió el menisco de la rodilla y luego el escafoides. “Me costó bastante recuperarme”, señala, con cierta resignación.

En su club actual, el Sant Nicolau.
En su club actual, el Sant Nicolau.

A raíz de aquello se le fue el ‘tren’ del basket profesional y en las seis últimas campañas ha jugado en el grupo C de la Liga EBA (tradicionamente considerado el más potente de todos), la primera en Vic y las otras cinco en dos equipos distintos de Sabadell, el Club Natación y el Sant Nicolau. Con 31 años muestra una estupenda madurez y ha firmado 13,4 puntos y 8,6 rebotes en 28 minutos en la 2014-15. “Disfruto jugando. Aunque cobras un dinerillo, en realidad lo haces por gusto, porque en el equipo somos ya prácdticamente un grupo de amigos”.

Actualmente, compatibiliza el baloncesto de la cuarta categoría nacional con su trabajo en una empresa de metalurgia, “haciendo un poco de todo”.