James Forrest: ‘Gafe’ en España

James Forrest: ‘Gafe’ en España

Javier Ortiz Pérez

Machacando con el Olympiacos.
Machacando con el Olympiacos.

James Forrest tuvo una estupenda carrera europea… en la que España no fue su fuerte. Por distintos motivos, sus tres clubs aquí no pueden guardar buen recuerdo de él, aunque a nivel humano él sí dice estar contento de haber pasado por el ‘Viejo Continente’ en general.

Forrest estudió en Georgia Tech, pero no tuvo sitio en la NBA y se marchó a Israel en 1995. De ahí, fue el refuerzo a mitad de temporada del Huelva en su primera (y única) temporada en ACB, la 96-97. Sustituyó a Marques Bragg y fue sustituido por Devin Davis, disputando 12 encuentros con 18,7 puntos y 5,5 rebotes.

A partir de ahí le fue mejor. Era un jugador voluminoso en sus 2,06 que se adaptó perfectamente a las exigencias de las ligas griega e italiana. En la 2001-02 llegó a estar en un ‘grande’ como el Olympiacos. En 2003 sorprendió su fichaje por el Unicaja para ocupar el lugar del polaco Adam Wojcik. “Es un jugador completo, con mucho talento y pensamos que nos va a ayudar a mejorar en algunos aspectos de nuestro juego”, pronosticó Bozidar Maljkovic.

Sin embargo, lo suyo en Málaga fue tremendamente breve. Disputó un partido terriblemente malo contra el Joventut (2 puntos y 2 rebotes, con 1/7 en tiro) e inmediatamente fue a la calle. Su falta de forma física era evidente, arrastrando además alguna lesión. Reggie Slater le suplió.

En Italia conservaba cartel y tuvo algunos pequeños contratos en Livorno, Pésaro y Fabriano, hasta que en el 2006 España volvió a cruzarse en su camino. Aceptó la llamada del Plasencia, en LEB, para intentar salvarlo del descenso. Sus 11,7 puntos y 6,6 rebotes en 28 minutos resultaron insuficientes para conseguirlo.  Otra decepción en la península Ibérica. Y van tres.

Recibiendo un reconocimiento en 2007.
Recibiendo un reconocimiento en 2007.

¿Qué ha sido de él? Vive en Georgia, donde parece un hombre muy preocupado por causas sociales. En este reportaje de 2009 mostraba su malestar por el hecho de que en Atlanta se hubiesen cerrado centros sociales y los niños no tuvieran dónde jugar. Empezaba entonces a organizar sus propios campus para acoger a este tipo de chavales, para que pudiesen hacer deporte después del colegio o incluso asistir a encuentros universitarios o de la NBA. “No puedo creer que tantos de ellos nunca hayan ido a un partido. Cuando les llevas por primera vez, sus caras no tienen precio”, decía.

También apuntaba haber sido feliz en Europa. “Mucha gente piensa que si consigues entrar en la NBA, tu carrera se ha acabado. No es mi caso. Si no hubiera tenido hijos, mi vida estaría en Europa. Simplemente es un lugar pacífico”, contaba.