Oscar Schmidt: Mitísimo ‘Mao Santa’

Oscar Schmidt: Mitísimo ‘Mao Santa’

Javier Ortiz Pérez

En sus inicios.
En sus inicios.

En la lista de leyendas que han pasado por la liga española debe aparecer siempre-siempre-siempre Oscar Daniel Bezerra Schmidt. O simplemente Oscar. Porque decir “Oscar” en el mundo del baloncesto equivale a anotación, a triples, a compromiso, a pasión por el juego. Y a Brasil. Y un poquito a Valladolid, donde estuvo dos temporadas (93-95) dentro de una longeva carrera que concluyó en el 2003, con 46 añitos y una tonelada puntos en las alforjas.

‘Mao Santa’ (‘Mano santa’) nació el 17 de febrero de 1958 en Natal, Río Grande do Norte, pero se trasladó muy niño a la nueva capital del estado, Brasilia. En un club de la zona llamado el Unidade empezó todo: un entrenador japonés llamado Myrura le enseñó a una técnica de tiro basada en la perseverancia y la paciencia orientales. Y Oscar se convirtió en un rifle de repetición y su fama empezó a trascender fronteras.

Debutó en la selección nacional con 16 años, ahí es nada.  Con sus 2,03 todavía jugaba de pívot, pero estaba claro que su futuro estaba más como alero teniendo en cuenta el daño que hacía y sus recursos ofensivos.  En 1980 disputó sus primeros Juegos Olímpicos (es uno de los tres únicos jugadores en la historia que ha llegado a los cinco). Su salto a Europa era cuestión de tiempo.

Con Brasil (Foto: Gigantes del Basket).
Con Brasil (Foto: Gigantes del Basket).

Fue el Caserta el que consiguió sus servicios en 1982 y allí estuvo nada menos que ocho años, batiendo registro tras registro en la Lega. En su peor campaña (83-84) promedió ‘solo’ 28 puntos; en la mejor (88-89), 36,6 nada menos. Puso a una pequeña localidad del sur en el mapa del baloncesto desde la A2 a luchar por los títulos nacionales. Ganó la Coppa de 1988 y un año después fue coprotagonista de la mítica final de la Recopa frente al Real Madrid en Atenas. Perdió su duelo anotador con Drazen Petrovic (62-44) y también el partido (117-113).

A esas alturas ya había acudido varios veranos a las ligas de verano con los New Jersey Nets, que le habían ‘drafteado’ en 1984 con el número 144. Sus ofertas no terminaron de convencerle, puede que también condicionado por el hecho de que si debutaba con ellos ya no podría volver a jugar con su selección. Bien le hubiese venido a España, por cierto, a la que echó de su propio Mundial en 1986. Gran artículo de Guille Ortiz al respecto en Jot Down.

En el 2013, cuando fue nombrado miembro del Hall of Fame de Springfield, habló al respecto: “Si hubiese fichado por los Nets habría sido uno de los 10 mejores jugadores de la historia. Habría anotado un punto por minuto. Con 40 minutos puede que 60 puntos. ¿Que si lo digo en serio? Claro, ¿me viste jugar? (le dijo al periodista). Al menos un punto por minuto. ¿Sabes cuántas horas entrené? Ocho horas al día”.

Y es que el respeto que le tienen en USA es todavía enorme. En 1987 se recuerdan mucho los 46 puntos (35 en la segunda parte) que le clavó a un equipo de universitarios (con David Robinson y Danny Manning, ojo) en los Juegos Panamericanos. Brasil ganó a Estados Unidos por 120-115 y empezaba a madurarse la idea de que todo tenía que cambiar y que tenían que empezar a ir los profesionales a las citas internacionales.

Como se ve, con Oscar las batallitas se hacen interminables. A España llegó ya veterano, en 1993. Después de Caserta (que, cruel dato, ganó la Lega el primer año tras su adiós) había estado otros tres años en el Pavia, con medias de 43,7, 38,6 y 39,3, ascendiendo a la A1. En Valladolid tenía 35 años, pero eso no impidió proclamarse máximo anotador de la ACB el primer año (33,2) y alcanzar un récord de triples en un partido (11) que duró hasta hace poco, cuando Jacob Pullen llegó a los 12. En cuanto al equipo, la primera campaña fue mala (descenso no consumado tras un dramático ‘playoff’ frente al Murcia) y la segunda, más aceptable (undécimo). Habla de aquel tiempo como “dos años lindos, la culminación de mi carrera en Europa”. En Valladolid dejó la estela de ser un auténtico caballero, cercano con niños y mayores, y hasta un periodista local, Félix Ángel Carreras, escribió un libro sobre su vida llamado ‘Jugar como Oscar’.

Le quedaban ocho temporadas de baloncesto cuando regresó a Brasil, ¿quién podía decirlo? Pero con Oscar nunca había límites ni ideas preconcebidas. Y siguió jugando en un papel no precisamente testimonial. El estilo de juego del país sudamericano le venía bien y el físico más o menos le respetaba, así es que siguieron las exhibiciones en Corinthians, Bandeirantes, Barueri y finalmente Flamengo, donde compartió cancha con su hijo Felipe. Y en esos ocho años nunca bajó de los 30 puntos de media: el objetivo era superar la marca de Kareem Abdul-Jabbar y lo consiguió. Se retiró con 49.703 en su carrera profesional.

En Caserta.
En Caserta.

En ese tiempo hasta sacó tiempo de tener una pequeña carrera en la política como secretario municipal del Deporte en Sao Paulo. Últimamente no se ha aburrido: comentarista televisivo, coordinador de una academia de jóvenes valores, miembro de la Federación Brasileña e imagen de la empresa CMG Worldwide Roster.

Aquí ya hay que ponerse serios. Nos tuvo a todos muy preocupados que en 2013 se publicase que sufría un cáncer cerebral, una batalla que afrontó con el coraje que caracterizó su tiempo sobre el parquet.  “Todo el mundo mostró un enorme cariño, como si me fuera a morir la semana que viene, y eso es también muy bonito”, dijo a acb.com hace unos meses, sonriente, pasando página de una complicada operación y de haber sido sometido a quimioterapia. A los mitos no se los  tumba tan fácilmente.

En definitiva, un baloncestista superlativo, de los que hacen grande a nuestro deporte. Un tipo de enormes cualidades, sí, pero fortalecidas por la capacidad de superación y el entrenamiento. Los entrenadores lo dicen siempre: repetir, repetir y repetir. A eso se dedicó Oscar en su carrera. España fue afortunada de tenerle tan cerca durante dos años.

Forum Valladolid 94-95.
Forum Valladolid 94-95.



En una conferencia en el 2013.
En una conferencia en el 2013.