José Manuel Navarro: Estrella… sobre la silla de ruedas

José Manuel Navarro: Estrella… sobre la silla de ruedas

Javier Ortiz Pérez

Valvi Girona 93-94.
Valvi Girona 93-94.

Se puede decir que el caso de José Manuel Navarro es, literalmente, único. Ningún jugador en la historia ha pasado al mismo tiempo por la actualmente denominada Liga Endesa y luego por la División de Honor de baloncesto en silla de ruedas... excepto él.

Es algo en lo que merece la pena detenerse. Base de 1,82, era conceptuado como un buen jugador a finales de los 80. Perteneciente a la cantera del Español, de la misma generación que los Santi Abad, Edu Piñero, Manel Bosch y Óscar Cervantes, llegó a ser internacional sub-22 y a ganar la medalla de oro en el Mundial de 1989. Miraba con descaro al la canasta y era competitivo al máximo. “Me pusieron el apodo de ‘La Garrapata’ porque me agarraba a la pierna de los rivales y no los soltaba”, recordaba en una entrevista que tuvimos para Gigantes del Basket.

Disputó cuatro temporadas distintas en ACB (una de blanquiazul y las otras tres en el Valvi Girona), totalizando 78 partidos y 4,8 puntos en 20 minutos de media. Sus dos últimas campañas fueron en EBA, cuando era la segunda categoría nacional, en Burgos y Melilla. Fue en la ciudad autónoma, en 1996, donde cambió su vida. “Tuve una lesión en el cartílago de la rodilla y me diagnosticaron una malfunción del 15%. El traumatólogo me dijo que fuese pensando en hacer otra cosa”, contaba. Acababa de cumplir 30 años, pero pensó que el baloncesto no se acabaría allí.

 “Al tiempo me propusieron jugar con el equipo en silla de ruedas de Melilla. Tenía el grado de discapacidad suficiente. Y acepté. Pasé por Segunda, Primera, División de Honor… Fui aprendiendo porque realmente no te sirve de mucho haber jugado al otro baloncesto anteriormente. Lo que más me aportó la etapa anterior fue la profesionalidad”, añadía.

Concentración de la selección sub-22 con Herreros, Ferrán Martínez y Wayne Brabender (Foto: Gigantes).
Concentración de la selección sub-22 con Herreros, Ferrán Martínez y Wayne Brabender (Foto: Gigantes).

No se le fue dando mal en su ‘nueva vida’, en la que ejerció como pívot (puntuación 4,5). Se trasladó a vivir a San Roque (Cádiz), de donde es su pareja, y fichó por el Once Andalucía, el dominador del baloncesto en silla de ruedas nacional. Cada día hacía 200 kilómetros para entrenar o jugar. Ganó ligas, copas y hasta una Copa de Europa. A su compañero Diego de Paz le señala como su gran maestro: “Él fue quien me enseñó a mover la silla”. Llegó a la internacionalidad y a ejercer de jugador-entrenador en su club.

Superados los 45 años abandonó tras romperse el hombro (“era mejor dejarlo), pero no ha perdido de vista el mundo de la discapacidad: impulsa en la zona del Campo de Gibraltar el Club Baloncesto Idea, que trabaja con niños que la sufren.

En acción con el Once Andalucía.
En acción con el Once Andalucía.