Luis Alcañiz: Saltarín ‘setentero’

Luis Alcañiz: Saltarín ‘setentero’

Javier Ortiz Pérez

Espectacular mate ‘retro’.
Espectacular mate ‘retro’.

Luis Alcañiz es uno de los jugadores de nacimiento más antiguo que hayan militado en la liga española desde que se inauguró la ‘etapa ACB’ en 1983. Vino al mundo en Barcelona en octubre de 1952, por lo que ya era un veterano cuando disputó la campaña 83-84 con el Manresa. Su carrera se desarrolló sobre todo en los 70.

Se trata de un hombre con sus particularidades. Para empezar, era un portento físico para su época, si nos circunscribimos a españoles. Medía 1,98 y jugaba de pívot (esto era más o menos normal), pero tenía un gran salto vertical que incluso le permitía machacar el aro desde edad juvenil. “Quizás era el único que lo hacía”, recuerda, con cierto orgullo. “Se quedaron como parados cuando en las pruebas con el Barcelona lo hice. Me pidieron que lo repitiera y lo repetí”, cuenta.

Fue en el club azulgrana en el que empezó su trayectoria con 14 años como infantil. Era el año 1966 y por allí andaba ya Aíto García Reneses, todavía jugador pero que se asomaba al mundo de los entrenadores. Alcañiz llegaría al primer equipo (72-73) y después pasó por Sant Josep (73-74), Pineda (74-79) y Manresa (79-85).

“Empecé de ‘5’. Luego, como saltaba muchísimo, fui evolucionando al ‘4’. Aprendí muchos movimientos con Chus Iradier. Aquel desde luego era otro baloncesto”, apunta. Lo dice en el sentido de que nunca se dedicó profesionalmente a ello, pese a estar varios años en la máxima categoría. “Yo jugaba y al mismo tiempo o bien estudiaba o bien trabajaba. Siempre lo pude llevar más o menos bien”, explica.

Imagen actual.
Imagen actual.

Su ‘otro trabajo’ era la gestión de empresas y la contabilidad. Siempre se le dieron bien los números, destaca, pero la pasión la centraba en el baloncesto. “Es que me lo he pasado muy bien, haciendo muchos amigos que han perdurado con el tiempo. Y sigo en ello. De vez en cuando hasta juego alguna pachanga con los veteranos del Barça. Es bonito reencontrarte con gente con la que has compartido cancha, que se acuerdan perfectamente de ti y tú de ellos después de tantos años”, dice.

Su final de carrera fue especial. Tras el descenso del Manresa en aquella temporada inaugural de la ACB tomó la decisión de retirarse (había promediado 4,3 puntos y 1,2 rebotes en 18 minutos), “pero Carles Casas, el presidente del club, me convenció de que siguiera, que necesitaban completar el equipo con gente de casa para intentar el ascenso de nuevo desde Primera B. Al final, acepté y conseguimos el objetivo. Me fui con un buen sabor”.