Unai Calbarro: Sobrino de pívot y jugador 12

Unai Calbarro: Sobrino de pívot y jugador 12

Javier Ortiz Pérez

Vinculado al Bilbao Basket.
Vinculado al Bilbao Basket.

Unai Calbarro lo lleva en la sangre. Su tío es Román Carbajo, uno de los mejores pívots nacionales de finales de los 80/principios de los 90 del que ya hablamos aquí. “Yo era muy pequeño cuando él jugaba, pero tengo alguna imagen grabada en la mente de haberle visto con el Andorra”, apunta el chico, que también es un interior.

Calbarro estuvo dos temporadas en el Baskonia (la 2011-12 Caja Laboral y la 2012-13 Laboral Kutxa) con el claro papel de complementar los entrenamientos. Ya hemos comentado aquí cómo es Dusko Ivanovic, que no regala minutos a los jóvenes ni cuando su equipo va ganando por 40 puntos, y solo dio tres partidos (tres minutos en total) en la Liga Endesa a nuestro protagonista de hoy. “De todos modos le estoy muy agradecido. Tuve la gran suerte de que en el verano del 2011 me quedé sin equipo porque el Santutzi no pudo seguir en LEB Plata y me llamaron de Vitoria para hacer la pretemporada. A Dusko le gusté, supongo que por mi capacidad de lucha, y me ofrecieron ser el jugador 12 teniéndolo muy claro”, apunta. De aquellos dos años se queda también con las palabras de cariño del Chapu Nocioni. “Me decía que era un jugador similar a él en cuanto a garra, muy fajador. Para que otros metan canasta, otros nos tenemos que pegar, ¿no?”.

Foto oficial con el Caja Laboral 2011-12.
Foto oficial con el Caja Laboral 2011-12.

Bilbaíno de nacimiento, empezó jugando al fútbol, pero él siempre sospechó que acabaría en el baloncesto, como su tío. “Me pasé al basket con 13 años. Al principio me costaba mucho. Hacía cuatro pasos cada vez que cogía el balón. Luego ya fui poco a poco entrando en el tema”, cuenta, divertido.

En el Santurtzi estuvo vinculado al Bilbao Basket, el equipo de su ciudad. “Simplemente estar en los entrenamientos con ellos era como un sueño”, relata. Fueron cinco  temporadas en esa situación hasta que el club tuvo que renunciar a Plata y él se encontró con la oportunidad de ir al vecino del sur.

Tras su salida, en la 2013-14 fichó por el Zornotza, de nuevo en Plata, pero no tuvo suerte. Se rompió el ligamento cruzado anterior, perdiéndose prácticamente toda la temporada. “Se truncó un poco mi perspectiva de esto de poder ser profesional del baloncesto”, reconoce abiertamente. Y eso que apenas tiene 26 años. La pasada campaña la ha jugado en EBA de nuevo en Santurzi, pero sus buenos números a nivel individual (13,4 puntos y 8,7 rebotes) no se han correspondido por una temporada positiva a nivel colectivo. “Hemos debido hacerlo mejor. Teníamos mayores aspiraciones, porque en teoría salíamos para ascender y hemos sufrido para conseguir la permanencia”, reconoce.

El futuro lo ve complicado, al menos en las pistas. Seguirá jugando porque un tío de 2,05 con esa capacidad de lucha cualquier equipo lo agradece, pero su mente y su tiempo está más en la preparación de unas oposiciones.

Su tío, Román Carbajo.
Su tío, Román Carbajo.