Nando Heras: Base ‘de clase media’

Nando Heras: Base ‘de clase media’

Javier Ortiz Pérez

 Entrando a canasta con el Elosúa León (Foto: Gigantes del Basket).
Entrando a canasta con el Elosúa León (Foto: Gigantes del Basket).

Fue un más que aceptable base Ferrán Heras, de la ‘clase media’ de la Liga cuando casi lo obligatorio era tener un director de juego nacional más pasador que anotador. La prueba de la buena salud de su carrera es que disputó ocho temporadas consecutivas en la máxima categoría (de la 88-89 a la 95-96), pasando de ser reserva de ‘Chichi’ Creus en Granollers a llevar él el timón en León y Girona con bastante éxito. En su última campaña, en Ourense, ya con bastantes problemas físicos, volvió a perder protagonismo, pero se despidió con unos estupendos 248 partidos en la élite (7 puntos en 20 minutos en cancha).

“Mi etapa de jugador ha representado una parte de mi vida donde tuve la suerte de poder trabajar en un deporte que me apasiona y además  me ayudó mucho en formarme como persona y adquirir una experiencia y unos valores que después de 30 años todavía los sigo aplicando”, recuerda hoy en día. Antes asentarse en la máxima categoría con el entonces denominado Cacaolat se fue ‘curtiendo’ en Primera B, tres temporadas en una plaza histórica del basket nacional como Mataró. Era un buen ‘campo de pruebas’ aquella categoría. Anteriormente, con solo 17 años, se había asomado a una semifinal ACB, la de 84-85, con el Licor 43.

Muchos le llaman en el mundo del basket ‘Nando’. Su nombre, Ferrán, es el mismo que el de su padre, Fernando, fallecido en el 2001 a los 59 años y que jugó en la antigua Primera Nacional en equipos como el Barcelona. También entrenó a nuestro protagonista de hoy en el Pineda, el equipo de la ciudad en la que nació.

Valvi Girona 93-94.
Valvi Girona 93-94.

 “Estoy orgulloso de haber conocido a muchas personas y haber hecho muchos amigos con los que pude compartir buenos, y no tan buenos, momentos. Aunque no me gustaría  recordar a nadie por encima del resto, creo que sería justo destacar la suerte de haber podido  convivir y aprender durante mi época de jugador con personas como con mi padre y Manel Comas, que juntamente con su gran intuición para este deporte me demostraron la importancia del trabajo  para mejorar en todos los aspectos”, apunta.

Sus genes perviven y está “encantado” de que sus dos hijos, Sara (12 años) y Óscar (15), también hayan escogido jugar. “Desearía que en su medida pudieran aprender estos valores”, dice. La chica está en el Femení Maresme y la entrena otro base ‘de clase media’ de la ACB en los 80, Albert Illa (del que ya hablamos aquí). “Es un fenómeno”, dice Heras. Mientras, el chico está en el cadete del Joventut. Habrá que ver cómo progresan, pero quizás les veamos arriba con el tiempo.

Heras bromea cuando se le pregunta por cómo se veía a sí mismo como jugador. “La verdad s que ya casi no me acuerdo”, responde. Ya más en serio, comenta que “era muy consciente de mis posibilidades y limitaciones, y después de tener la suerte de jugar tantos años en la ACB lo sabia llevar lo mejor que podía a la práctica. Como base que era siempre tenía muy claro que la primera opción era ayudar en todo lo posible a mis compañeros en la pista”. Pasa por alto que en sus mejores momentos le caracterizó la rapidez y la dedicación defensiva.

Imagen familiar, incluyendo a Sara y Óscar.
Imagen familiar, incluyendo a Sara y Óscar.

Se retiró prematuramente, con 29 años (“tenía bastante fastidiadas las caderas”), lo que en cierto modo le ayudó para terminar sus estudios de Económicas. También hizo su “mejor fichaje”, asegura: su esposa, Cristina. Y desde hace más de 15 años trabaja en una empresa de marketing y diseño gráfico “con un grupo de compañeros fantástico, que nos permite poder seguir compitiendo  en este sector económico tan complicado”.