Ermal Kuqo: Políglota sin suerte en Valencia

Ermal Kuqo: Políglota sin suerte en Valencia

Javier Ortiz Pérez

En el Pamesa 2008-09.
En el Pamesa 2008-09.

Sostiene Javier Gancedo que Ermal Kuqo es un jugador ‘top’, prácticamente el número uno, en cuanto a trato humano de entre todos los que ha tratado en su carrera periodística. “Es el mejor amigo que he hecho en el baloncesto”, afirma con contundencia. Algo así he podido comprobar en primera persona: al rato de enviarle las preguntas a Kuqo, me las devolvió respondidas. Lo sorprendente es que lo hizo en un español bastante bueno. Es uno de los seis idiomas que habla con fluidez. Y eso que solamente anduvo una temporada por aquí, la 2008-09 con el Pamesa Valencia.

Se trata de un jugador de amplio recorrido, probablemente el mejor que haya nacido nunca en Albania, aunque adquirió la nacionalidad turca en 1997, utilizando el apellido ‘Kurtoglu’. Al país otomano llegó con 15 años, captado por el Fenerbahce. También ha pasado por Estados Unidos (‘high school’ y ‘junior college’, pero no pudo acceder a la NCAA por haber sido ya profesional), Croacia y Eslovenia. Todo dentro de una carrera siempre marcada por el compromiso con la camiseta que todavía continúa viva, en el Darussafaka.

Más ‘4’ que ‘5’ con sus 2,08, afirma que de Valencia solamente le quedan buenos recuerdos, sobre todo porque su hijo Luka nació allí. “Será una ciudad única para nosotros para siempre aunque solo sea por eso”, dice. “La única cosa negativa fue el baloncesto”, cuenta. Él firmó quizás los números más grises de su vida (5,3 puntos y 1,9 rebotes en 12 minutos) y el equipo concluyó séptimo, algo por debajo de las expectativas.

Jugando al poste con el Efes.
Jugando al poste con el Efes.

“No tuve mucha suerte en la cancha y con las lesiones. Al segundo mes cambiamos de entrenador. El que me fichó, Fotis Katsikaris, fue sustituido por Neven Spahija, y no entré en sus planes”, razona. Sí le gustó mucho la hinchada valenciana, “muy caliente y amable”. Lamenta no haberse podido quedar un año más. “El club no tuvo paciencia conmigo. Si hubiese continuado, seguro que hubiese jugado más minutos y mejor que la primera temporada. Tenía más experiencia y ya sabemos que el primer año para los extranjeros es más difícil, como le pasó a Ersan Ilyasova, por ejemplo”, agrega.

Sin embargo, Kuqo es un tipo positivo: “La vida sigue. Tenemos que tomar decisiones y no me gusta mirar atrás. Y tengo que decir una cosa: Pamesa Valencia estará siempre en mi corazón por darme la oportunidad de cumplir el sueño que tuve desde niño de jugar en la ACB”.

Él se ve como “un jugador fuerte físicamente, con varios movimientos en la pintura. Tengo un buen tiro a suspensión y creo que una buena visión en la cancha. En cuanto a lo negativo, soy muy mal jugador de ‘pick&roll’, en ataque y en defensa. Me gusta jugar para el equipo, asistir al hombre abierto sin pensar en mis puntos. No sé si esto es bueno para mí o no, pero ya tengo 35 años y es casi imposible cambiar”.

Según cuenta, está “contento” con su vida actual. Después de Valencia, regresó a Turquía y ha jugado en ‘grandes’ como el Efes, el Galatasaray y los emergentes Banvit y Darussafaka. “Esta última temporada he sido el capitán de un equipo con mucha gente nueva, y hemos hecho una de las mejores temporadas de la historia con fichajes importantes como Jordan Farmar. Hemos demostrado que somos serios”. Ve todavía algo lejana la retirada (“me siento muy fuerte y no tengo problemas físicos. Me gustaría jugar más”), pero cuando llegue, quiere dedicarse a ser ojeador. “Nunca se sabe lo que puede pasar. De momento disfruto de mis últimos años. Veremos qué pasa más adelante”, concluye.

Con su esposa.
Con su esposa.

Una última curiosidad: es uno de los pocos jugadores que ha militado en dos selecciones nacionales distintas: primero la de Turquía y después la de Albania, donde es un gran ídolo, al igual que su padre, Robert, y su tío Artan.