Álvaro López Corcuera: Segundo apellido todoterreno

Álvaro López Corcuera: Segundo apellido todoterreno

Javier Ortiz Pérez

Gijón 91-92.
Gijón 91-92.

Ocurre a veces que una persona es más conocida en su ámbito laboral por su segundo apellido que por el primero, el ‘efecto Zapatero’. A Álvaro López Corcuera le tenemos como ejemplo baloncestístico, como sucedió también con Arturo Fernández Seara.

Corcuera solamente jugó un partido en la ACB, cuatro minutos en un Estudiantes-Cajabilbao de la temporada 88-89. “No recuerdo muy bien por qué, pero ahí estaba yo. Creo que fue gracias a que Carlos Montes estaba lesionado. Fue una buena experiencia y el partido lo ganamos. Aun así, dio tiempo a que Iturriaga, al que defendía, me la jugase alguna vez”, cuenta con una sonrisa en la boca. Estaba como culminación a muchos años en la cantera del Ramiro de Maeztu, donde había llegado siendo infantil. Es de la generación de Nacho Azofra, con el que compartió pista durante casi toda su formación, y también de Alberto Herreros, que, con su calidad estelar, le ‘tapó’ foco, inevitablemente. “Era un monstruo, imparable”, recuerda.

Campeonato de España junior con el Estudiantes (Foto: Basket16).
Campeonato de España junior con el Estudiantes (Foto: Basket16).

Nuestro protagonista de hoy afirma tener “mala memoria” y “vivir el presente”, pero mira con simpatía sus años en el baloncesto. Se trataba de un alero “que hacía un poco de todo” y que “quizás si hubiese trabajado un poco más el tiro hubiera llegado más lejos”. Nacido en Madrid, su infancia cambió cuando David Soriano le recomendó que, cuando cambió de colegio, se fuese al que acoge al Estudiantes tradicionalmente, el Ramiro.

En el Campeonato de España junior de 1989, Basket16 le situó entre los destacados con el siguiente texto: “Una de las sorpresas agradables. Buen dominio del balón, busca la entrada a canasta con decisión y lanza desde todas las posiciones, incluyendo el tiro de tres. Además, tiene gran potencia de salto y sabe defender con fuerza. Un trabajador de lujo”.

“Jugábamos y nos divertíamos. Yo veía el primer equipo a años luz”, confiesa. Después del partido ante Cajabilbao y de ir convocado más veces y no jugar, su primera experiencia fuera del ‘Estu’ fue el primer proyecto baloncestístico del Atlético de Madrid, en Primera B (90-91). “Arrastramos problemas todo el año. A veces hasta Jesús Gil pagaba con nosotros si el fútbol iba mal. Fue bastante ridículo”, lamenta.

Mejor le fue en Gijón durante dos temporadas en la misma categoría (91-93). “El segundo año fue mejor que el primero. Nos quedamos cerca de subir. Éramos un equipo bastante majo”, apunta. Sin embargo, el baloncesto le obligaba a hacer equilibrismos para continuar con su carrera de Económicas, ya que se había matriculado en Madrid. “Monté una estructura para que me hiciesen llegar los apuntes por fax”. Obviamente, no había los progresos técnicos de la actualidad.

En la actualidad.
En la actualidad.

Eso le acabó empujando volver a la capital de España, pese a las ofertas de otros ‘grandes’ de la segunda categoría. Estuvo dos años en Fuenlabrada “bastante bien” y otro en Alcalá de Henares “algo peor”. Su camino laboral, pese a ser joven, ya estaba trazado fuera de las pistas. Hizo un master y entró a trabajar en Repsol, donde es actualmente subdirector de sistemas y procesos administrativos.