Antonio Rodríguez Pulido: Sembrando valores de basket

Antonio Rodríguez Pulido: Sembrando valores de basket

Javier Ortiz Pérez

En la temporada 91-92.
En la temporada 91-92.

Estuvo un poco ‘remolón’ al principio, pero finalmente Antonio Rodríguez Pulido se decidió a contarnos su historia. Apenas jugó unos segundos en el Cajacanarias (actual Iberostar Tenerife) de la temporada 1990-91, pero la suya es una saga familiar baloncestística con pervivencia en la actualidad. Veamos.

“Los mejores recuerdos del baloncesto son las amistades que hice. Por las circunstancias de la vida, en la que mis dos hijas , Natalia y Elena, se encuentran actualmente jugando en categorías de base, me encuentro con muchos de esos amigos de forma continua en las canchas por las que suelo acudir. Es ahora cuando se valoran esos momentos y vivencias que me aportó el baloncesto, y al mismo tiempo son valores que intento transmitir a mis hijas, que creo van por el mismo camino, dejando amigas por donde quieran que van, algo que valorarán y mucho con el tiempo.

Me quedo con el himno de las Islas Canarias que siempre hacían sonar al final de la rueda de calentamiento en Juan Ríos Tejera. Ponía la piel de gallina y te daba un subidón. Donde juega el actual Iberostar Tenerife se mantiene la costumbre, aunque todo es  más moderno. El partido del que mejor recuerdo y sabor de boca me dejó fue en un torneo de pretemporada, donde pude jugar 16 minutos contra el histórico Maccabi de Tel Aviv.

Con Walter Tavares en la actualidad.
Con Walter Tavares en la actualidad.

Mi primer año de baloncesto ya en edad infantil, en el equipo del pueblo, Agüimes, fue el que marcó el camino de mi vida en el mundo de la canasta. Al finalizar esa temporada, decidí dar un salto al equipo representativo de Gran Canaria, el denominado Claret, que dirigían los hermanos Luis y Santi López en aquellas canchas del Obispo Rabadán, frente al colegio. Ese año aprendí el sacrificio que suponía de forma diaria para alguien de pueblo tener que coger una guagua y desplazarse una hora de ida y otra de vuelta para acudir a entrenar. Eso me hizo más responsable en los estudios si cabe y a madurar más rápidamente que los niños de mi edad.

Decidí inscribirme en una “operación altura” que organizaba el Cajacanarias de Tenerife y así fue como el ya desaparecido Pepe Cabrera me convenció a mí y mis padres para que con sólo 14 años fichara allí. Una decisión difícil para mi familia, siendo hijo único, pero cargada de responsabilidad , valentía y compromiso. Fue con la idea con la que di el sí definitivo al club, camino al que me acompañó el inolvidable Javier Morales.

Es en Tenerife donde durante los siguientes cuatro años,  conviviendo con otros jugadores becados, donde desarrollo mi vida baloncestística, ayudado por muchas personas que de manera decidida apostaron por mi futuro en el mundo de la canasta, y me hicieron progresar y alcanzar durante mi primer año junior entrenar con el primer equipo, conviviendo con ellos en entrenos y largos viajes, hasta poder debutar de la mano de Jaume Ventura en un partido contra el Valvi Girona.

El club y en particular de uno de los entrenadores que más tiempo me dedicó en la cancha para que así fuera, Luis Macías, se insistió en que a pesar de mi altura, 1,92, jugara de base. Creo que una de mis características principales era el tiro de larga distancia, además de la intensidad que imprimía en el desarrollo del juego, y el espíritu competitivo en cada partido, dado al gran carácter que tenía.

Cuando me llegó el momento acceder a la universidad, tuve  que tomar una decisión: continuar en el Cajacanarias a nivel profesional e intentar hacer del baloncesto una profesión o dar un paso atrás y jugar a otro nivel, pero formarme en lo que quería que fuera mi futuro profesional. Opté por esto último y decidí volver a Gran Canaria y estudiar la licenciatura en Educación Física, quedándome siempre la incertidumbre de hasta dónde hubiera llegado mi carrera deportiva.

En la actualidad soy funcionario del Ayuntamiento de Agüimes con la plaza de director técnico deportivo y como complemento esta temporada me encuentro de entrenador del equipo minibasket femenino del CB Islas Canarias.

Sus hijas: la internacional Natalia y Elena.
Sus hijas: la internacional Natalia y Elena.

Mis dos hijas comenzaron desde muy temprano en la práctica deportiva.  Si bien es cierto que muchas veces les hablaba de mi afición al baloncesto, y les mostraba muchas fotos del recuerdo de la canasta, nunca les quise influir para que también lo practicaran. Tanto es así que Natalia Rodríguez empezó en el atletismo, continuó en el acuatlón y finalmente se federó por primera vez en natación. Tras un año mucho sacrificio de nadar metros sola en una piscina, acudió con mínima a los campeonatos de Canarias, de los que vino desencantada. Me propuso pasar un verano en un campus de baloncesto junto a unas amigas. Tras mi sorpresa y por dentro satisfacción, participó en el mismo recibiendo el premio a la mayor progresión, al mismo tiempo que la invitaron a formar parte del club.

Desde ahí y en los siguientes cuatro años todo ha sido un crecimiento meteórico: ha conseguido cinco Campeonatos de España entre clubs y selecciones. También ha estado presente en todas las convocatorias de la selección española y el pasado año fue tercera de Europa con la U16.

Pero lo más importante, y ella lo sabe, es todo el aprendizaje que le ha aportado a su vida a nivel de experiencia, conocimiento, convivencia, satisfacciones, desilusiones… Es vivir muchos de los valores de la vida desarrollados y descubiertos a través del baloncesto. Al mismo tiempo, a mí me lleva a seguir sus pasos, y revivir momentos de mi vida deportiva con lo que me permite aconsejarla para que el camino que elija siempre sea el que crea ella más conveniente, pero sin olvidar que para lo que sea necesario cuenta con la familia.

Con la segunda niña, Elena Rodríguez, todo fue más rápido, aunque también empezó en el atletismo. Pasar muchas horas en las canchas viendo a su hermana hizo que a edad más temprana comenzase a practicar el baloncesto, consiguiendo esta temporada estar presente en la primera experiencia inolvidable y que marca a todos: el Campeonato de España Minibasket de selecciones.

En definitiva, Natalia (alero) y Elena (base) son ambas jugadoras de baloncesto, pero ante todo muy buenas compañeras dentro y fuera de la cancha, que me hacen sentir feliz por cada una de las canchas, que son muchas, por donde pasamos. Han aprendido lo más importante de este deporte: van sembrando amistad y valores que recogerán cuando sean adulta. De eso no les cabe la menor duda”.