Miguel Tarín: Un gigante diferente

Miguel Tarín: Un gigante diferente

Javier Ortiz Pérez

Con el TDK Manresa (Foto: Nuevo Basket).
Con el TDK Manresa (Foto: Nuevo Basket).

Un personaje insondable este Miguel Tarín. Fue uno de los jugadores más conocidos a nivel nacional de los años 80 gracias a su altura y, paralelamente, a no responder a las tremendas expectativas creadas alrededor suyo. En una época en la que el baloncesto español necesitaba centímetros, él los tenía, y de sobra, pero no se adaptó bien a todo lo que rodea el deporte y sus circunstancias. Siempre fue por libre.

Hace un par de años tuve la ocasión de localizarle en Barcelona y entrevistarle para ‘Gigantes del Basket’. No dijo nada, absolutamente nada, que estuviese dentro del guión de la típica conversación que se puede esperar con un ex deportista. Hay en él algo difícil de explicar que es distinto, atractivo, pero al mismo tiempo inquietante.

Taponando (Foto: Gigantes).
Taponando (Foto: Gigantes).

Su vida después del baloncesto no ha resultado sencilla. Ha trabajado como portero de discoteca y hubo un tiempo en el que convirtió en una eminencia en el adiestramiento de perros. “Me entiendo muy bien con ellos. Había gente que me pedía que les enseñase hablar. Y yo les respondía que no, que entonces iban a ser como los humanos”, apuntaba. Ahora hace “algo tranquilo”: “me dedico al trasporte. Llevo documentos de unas empresas a otras”, contaba, negando rotundamente que tenga relación con el mundo de la política (se llegó a publicar que optaría a la alcadía de Barcelona por el partido PxC). “La palabra ‘político’ y la palabra ‘parásito’ tienen las mismas letras. Solo entiendo estar en ese mundo desde un punto de vista altruista”.

Como corresponde a la gente de su estatura fuera de lo normal, ha batallado con algunos problemas físicos, sobre todo en su brazo izquierdo. “Me han tenido que dar muchas pastillas para poder dormir. Cualquier situación se me hacía un mundo. Incluso escribir un mail. No me explico cómo, cuando era joven, cabía en los coches que me compraba”, afirmaba.

Solamente contabiliza tres temporadas ACB (dos con Manresa y una con Granada, promedios de 2,2 puntos y 2,1 rebotes), pero no se siente un ‘juguete roto’. “Lo único que me pasó es que encontré gente que, por problemas personales conmigo, decidió joderme”, agregaba.  “Yo jugaba porque me gustaba. Cuando dejas de tener ilusión, lo mejor es dejarlo, da igual si mides 1,80 o 2,17”. Fue la gran esperanza del Barcelona, el ‘anti-Romay’, pero su carrera se fue desgranando en sitios menos mediáticos, de peldaños inferiores: Hospitalet, Pineda, Vic, Alcudia… “Me perjudicó que en la temporada 81-82 la FIBA prohibió coger el balón por encima del aro. Eso lo quitaron justo el año en el que lo mandé todo al carajo”, analizaba.

Intentando anotar con el Oximesa.
Intentando anotar con el Oximesa.

Tarín también se mostró descreído sobre cierta ‘leyenda negra’ que arrastraba. “Decían que era un borracho, un drogata. Algo increíble. Era algo para justificar lo que pasaba conmigo. La gente flipa conmigo porque cuando voy a los sitios ni siquiera puedo pedir cosas que tengan gas. Probablemente no supe venderme. No sirvo para eso. Tampoco quise hacerlo. Antonio Díaz Miguel me dijo que yo solo tenía una cosa más grande que la mano: la boca”,”, aseguraba.

Aprovechó la charla para hacer un homenaje a su mujer, Rosa. “Una vez alguien me dijo que dejase a una chica con la que empecé a salir, que no íbamos a durar ni una semana, o acabarían con mi carrera. Llevo 31 años casado con ella. Renuncié quizás a algo, pero gané una vida”, remarcaba. ¿Feliz? “Sí. Siempre te arrepientes de decisiones en la vida, pero en general hice lo que quise en cada momento”, apostillaba.

Imagen reciente.
Imagen reciente.