David Lesmond: Exportando vino

David Lesmond: Exportando vino

Javier Ortiz Pérez

Foto en la guía oficial ACB 97-98.
Foto en la guía oficial ACB 97-98.

En su momento una gran promesa del baloncesto francés, David Lesmond pasó sin dejar gran huella por el Valvi Girona, con el que completó la temporada 97-98. Era un alero alto de 2,03 que se quedó en 4,1 puntos y 1,6 rebotes de promedio en la ciudad catalana. Tenía un físico con posibilidades, pero no acabó de encontrar su sitio.

Era todavía un jugador bastante joven, de proyección (22 años), que había sido internacional en categorías inferiores por su país. Su momento cumbre fue como campeón de Europa junior en 1992 en una generación en la que también estaban tipos que llegarían muy lejos, como Olivier Saint-Jean (el futuro Tariq Abdul-Wahad), Laurent Sciarra o Laurent Foirest.

Había quien veía en Lesmond una futura estrella también. Los ‘cantos de sirena’ que le llegaron de Estados Unidos le resultaron seductores y acabó primero en ‘high school’ y luego en la prestigiosa universidad de Purdue, aunque no llegaría a completar sus estudios y abandonó antes de empezar el cuarto año. Fue curioso porque precisamente mediada esa temporada 96-97 estuvo en Girona pasando una prueba, pero Trifón Poch no dio el visto bueno y acabaría en el Sassari italiano.

En acción con Poitiers.
En acción con Poitiers.

Unos meses después sí fichó por el Valvi para reforzar una posición en la que ya estaba un jugador consolidado como Pep Cargol. Era una apuesta de futuro. Tuvo algunos partidos brillantes (con un tope de 14 puntos al Cantabria Lobos), pero acabaría teniendo cada vez menos minutos. No volvería a jugar fuera de Francia y se retiró bastante joven, aquejado de problemas de espalda que le lastraron.

En una entrevista cuenta cosas curiosas sobre su nueva vida, en la que trabaja en la exportación de vinos. “Fue por casualidad, yo estaba buscando un lugar en el mundo de la exportación y me surgieron dos opciones: o Coca-Cola o vino. Elegí el vino. La ventaja es que se trata de un mundo en constante movimiento y que puedo aprender todo el tiempo. No es algo que esté congelado y eso es lo que realmente me interesa”, apunta.

Según cuenta, la parte más difícil de su conversión ha sido la financiera. “Estás acostumbrado a ganar un buen dinero y de repente vuelves a algo más “normal”. Tienes que adaptarte y es bastante difícil, aunque creas que estás preparado como pensaba que lo estaba yo. No me imagino lo que tienen que pasar los jugadores que no han pensado en lo que pasará después del baloncesto. Mi esposa también jugó y cuando lo dejó abrió dos centros de belleza”, añade.