Frederic Weis: Un 2,18 frágil de moral

Frederic Weis: Un 2,18 frágil de moral

Javier Ortiz Pérez

Bloqueando el rebote con el Unicaja.
Bloqueando el rebote con el Unicaja.

Uno de esos jugadores que marcan diferencias sin necesidad de anotar. Frederic Weis hizo de España su segunda casa, con nueve temporadas consecutivas en la ACB en tres equipos distintos, desde el 2000 al 2009. Con sus 2,18 debe estar todavía en el ‘top 10’ de altos en la historia de la competición. Lo que no muchos saben que detrás de ese imponente físico se escondía una persona frágil psicológicamente.

Weis, nacido en la localidad fronteriza de Thionville, muy cerca de Luxemburgo, fue captado pronto por el Limoges post-campeón de Europa. Su presencia y cierta agilidad compensaban sus pocos recursos ofensivos. Tanto fue así que en 1999 entró en el ‘draft’ como número 15, elegido por los Knicks, aunque nunca llegaría a jugar en la NBA. Fue uno de los referentes del histórico subcampeonato olímpico de Francia en Sydney, pero para su desgracia vaya a quedar más una imagen en la que él queda peor. Se trata del ‘Dunk of the death’, el ‘mate de la muerte’. El entonces imparable Vince Carter saltó sobre él y clavó el balón en el aro con una violencia extrema, ‘posterizándole’ para siempre. Hasta se hizo un pequeño reportaje sobre ello. “Me siento tranquilo, bien. La mayoría habló mucho sobre lo que pasó y fue lo peor emocionalmente para mí”, cuenta ahí.

El mate de Carter.
El mate de Carter.

No se convirtió en un trauma para ‘Big Fred’. Aquel verano salió al fin de Francia para jugar cinco partidos con el Paok de Salónica y a continuación fichó por el Unicaja, donde estuvo cuatro años alternando grandes momentos con otros más oscuros por problemas físicos. Suele ocurrir que jugadores de este tamaño tienen múltiples problemas en las articulaciones, en la espalda, en los pies… La Korac del 2001 (un torneo que ya había ganado un año antes) fue su única cosecha en cuanto a títulos.

Estaría otras cuatro temporadas y media en el emergente Bilbao Basket y sus últimos meses fueron en un Menorca que se hundía. Cerraba así 239 partidos ACB con una estadística muy poco frecuente y que deja claro cuál era su juego: más rebotes (5,5) que puntos (4,3), además de 1,2 tapones (sin contar todos los tiros que condicionó) en 21 minutos en la cancha. Después de un tiempo sin jugar, intentó echar una mano al Limoges, pero su cuerpo ya había dicho basta. Abandonó con 33 años.

Según cuenta en una entrevista del 2013, es una persona que ha sufrido mucho, tendente a la depresión. Le afectó mucho que su hijo fuese diagnosticado autista. “No lo podía creer. Estuve muy mal. Empecé a luchar conmigo mismo para intentar asumirlo”, explica. Ahí también desvela que en Bilbao estuvo largas épocas deprimido y que la medicación que tomaba le hizo subir mucho de peso. “No quería jugar”, confiesa. Hasta hubo un par de veces que, seguramente, se pasó con las pastillas y cree que durmió unas 20 horas.

Con el Bilbao Basket.
Con el Bilbao Basket.

Al final acabó remontando. “Al cabo de un tiempo, pensé que era mejor no intentar destruirse y que había que salir adelante. Mi esposa me ayudó mucho también”, añade. Otra persona clave fue su ex compañero Frederic Forte. “Él sabe realmente lo que me pasó. Se acercó a mí y me ayudó. Fue un periodo muy oscuro. Es por eso por lo que aprovecho cada momento ahora, porque sé que podía haberse detenido todo”, asegura.

Vive en la zona de Limoges, donde colabora con medios de comunicación analizando lo que sucede en el histórico club francés.

Imagen del 2013 (Foto: Lepopulaire.fr).
Imagen del 2013 (Foto: Lepopulaire.fr).