Txema Alarcón: El rol de segundo base

Txema Alarcón: El rol de segundo base

Javier Ortiz Pérez

Última temporada, Granada 96-97.
Última temporada, Granada 96-97.

Txema Alarcón fue catalogado durante gran parte de su carrera como ‘segundo base’. En el tiempo en el que logró arrancarse esa etiqueta, tres de sus cuatro años en Manresa, demostró buenas cualidades. Hay que tenerlas, desde luego, para permanecer durante nueve temporadas consecutivas en ACB (264 partidos, 4,6 puntos en 17 minutos). Además, poseía “eso” tan especial de los zurdos, siempre tan imprevisibles.

Hemos encontrado a Alarcón como director comercial de Ciarsa, un concesionario de Audi-Volkswagen en Vitoria. Desde que se retiró en 1997, con solamente 31 años, se ha mantenido bastante alejado del baloncesto, aunque ha jugado con los amigos en plan informal. La espalda le ha dado algunos problemas y ahora lo que más hace es pádel y, atención, una nueva especialidad llamada carreras de montaña que es durísima.

Decidió dejar las canchas cuando estaba en la élite, según su versión, “con el objetivo de tener una vida más sedentaria, ya que a mis hijas les desorientaba estar cambiando de ciudad cada cierto tiempo”. “Era muy bonito, pero tuvimos que decidir y me metí en un mundo que también me interesaba mucho, el de las ventas y los coches. Antes de estar en Ciarsa también trabajé con Mercedes. Es complicado dirigir comercialmente a un equipo y tiene parecido sin duda con lo que es ser base, mandar en la cancha. Los valores que te da el deporte están ahí y lo hemos comentado en el trabajo varias veces”, cuenta. Se quedó a vivir en Vitoria, de donde es su mujer.

Los mejores años, en Manresa.
Los mejores años, en Manresa.

La mirada que realiza a su carrera es positiva, pero al mismo tiempo también algo fría. “Sí, el baloncesto es una experiencia inolvidable. Tener 19 años, ganar dinero y hacer lo que te gusta resulta increíble”, afirma. Atrás quedan sus inicios en el Colegio Pare Manyanet, “de mucha tradición”, y cuando el Barça llamó a su puerta en dos ocasiones para incorporarle a su equipo junior. “Yo no quería dedicarme al deporte profesional”, asegura. A la segunda dijo que sí y de repente, tras una llamada de Antoni Serra, se vio en la dinámica del primer equipo para suplir al lesionado Arturo Seara. Llegó a debutar como azulgrana en la Lliga Catalana con 18 años.

Después llegarían Lliria (Primera B, dos temporadas, como transición hacia la edad senior), Vitoria (otras dos, ya en ACB), Manresa (cuatro), Salamanca (dos) y finalmente Granada (una). Hay un denominador común en casi todas las experiencias: coincidir con un base de leyenda del que normalmente fue reserva. Ocurrió con Pablo Laso, con ‘Chichi’ Creus, con Fede Ramiro, con Frankie King. Solamente en las tres temporadas antes reseñadas en el TDK (90-91, 91-92 y 92-93) obtuvo de pleno las riendas del equipo.

“Yo era rápido, defensor, tirador. Un jugador de segunda fila”, afirma Alarcón de forma cortante, con grandes dosis de realismo. “Me pusieron el rol de base reserva y es lo que tuve que hacer. Era complicado cuando tienes a gente como la que yo tuve por delante”, apostilla.

En la actualidad.
En la actualidad.