Brad Branson: Imprescindible ‘ochentero’

Brad Branson: Imprescindible ‘ochentero’

Javier Ortiz Pérez

Con el Real Madrid (Foto: Gigantes).
Con el Real Madrid (Foto: Gigantes).

Un ‘clasicazo’ de los 80 y parte de los 90 Brad Branson, nadie puede discutirlo. En el Real Madrid gustó mucho por su entrega no exenta de calidad, aunque le faltaron los títulos, ya que en dos temporadas solo consiguió una Copa Korac. Y después ocurrió prácticamente lo mismo en Valencia, donde adquirió la nacionalidad española por matrimonio. Está muy orgulloso de su hija Natalia, de la que luego contaremos algo muy curioso.


En 1986 pocos habían oído hablar de Branson cuando fichó por un Madrid que buscaba revolucionar su juego interior tras la marcha de Fernando Martín a Portland. Fue una apuesta muy fuerte de Lolo Sainz. Y eso que había tenido algunos partidos en la NBA (número 45 del ‘draft’ de 1980 por los Pistons y posteriormente con minutos en Indiana y Cleveland) y en Brescia (Italia) había completado tres buenas temporadas.

En el Pamesa (Foto: Gigantes).
En el Pamesa (Foto: Gigantes).

Era el sustituto de Wayne Robinson, un jugador más espectacular y que había sido muy querido. Branson respondió a la comparación inevitable con mucho trabajo y una primera temporada mucho mejor que la segunda, en la que había regresado ya Martín (de 22,4 a 17,5 puntos y de 9,4 a 6,8 rebotes). Era más ‘5’ que ‘4’, indudablemente. Encontró acomodo en Valencia las seis siguientes campañas, pasando de números de estrella (incluso superiores a los que había acreditado en Madrid) a realizar un papel complementario, ocupando ya plaza de nacional. En total, 281 partidos ACB con 18,1 puntos y 7,9 rebotes. Se retiró en 1994 con 34 años.

 

Durante algún tiempo estuvo viviendo entre Valencia y Madrid, gestionando dos restaurantes llamados igual (‘Chicago’s’) que acabaron yéndose a pique. Durante mucho tiempo se habló de las dificultades financieras que sufría. Decidió regresar a Estados Unidos en 1998, donde ha despeñado varios trabajos como coordinador y comercial en medios de comunicación (a menudo latinos, gracias a su dominio del español) de Tennessee, Texas y Florida.

 

En diciembre del 2012 charlé con él un rato muy agradable para una entrevista que se publicó en ‘Gigantes del Basket’. El tipo tiene un sentido del humor estupendo. “Eh, estoy bien, aunque los años no perdonan a nadie. No he ganado peso y tengo más o menos el mismo pelo, aunque si no fuese así, con lo alto que soy tampoco se vería”, dijo. Bromeó sobre que en España no se supiera gran cosa de él durante mucho tiempo. “No he dejado de trabajar. He tenido puestos importantes. El idioma me ha ayudado. Es un mercado muy grande”, añadió.

Sobre la cuestión de sus dificultades financieras tampoco tuvo problemas en hablar, aunque con cierta socarronería: “El dinero a veces se gana y a veces se pierde. Va y viene. Algunos socios que tuve me hicieron trampas. Pero cuando he vuelto a España estos años tampoco me ha parado nadie en el control de los aeropuertos”.

 

Ah, al hilo viene lo de Natalia, su hija: resulta que fue ‘Fallera Mayor’ el año pasado, nada menos. Todo un honor para una valenciana. Branson, que ahora tiene 54 años, me contó que tenía previsto viajar desde USA a la capital del Turia para estar cerca de ella en un momento tan especial.

 

Imagen del 2012.
Imagen del 2012.

 

“Siempre intenté hacer mi trabajo. Muchas veces lo importante era que yo no luciera para que los demás sí lo hiciesen. Siempre fui, y todavía lo soy, un luchador. Y, eh, no lo tuve que hacer tan mal. Cuando me retiré, el año siguiente el Pamesa Valencia descendió. Ahora esto parece imposible que pase porque es un club fuerte”. Pues sí, señor Branson. Hay mucha gente que no le olvida por lo que dio en la cancha.

 

Natalia, su hija, ‘Fallera Mayor’ en el 2014.
Natalia, su hija, ‘Fallera Mayor’ en el 2014.