Javier Blázquez: ¿A 5 centímetros de triunfar?

Javier Blázquez: ¿A 5 centímetros de triunfar?

Javier Ortiz Pérez

Con el Estudiantes.
Con el Estudiantes.

Aseguran que Javier Blázquez tenía muy buenas condiciones para triunfar en el baloncesto, sobre todo a nivel físico. Había hecho salto de altura de crío y se elevaba con enorme fuerza hacia la canasta. Tenía unos brazos musculosos y un tren inferior potente. Además, gozó de respirar un ambiente tan positivo como el del Estudiantes en su etapa de formación, pero, por esas cosas a veces intangibles de este mundillo, solamente jugó dos partidos y un par de minutos en la máxima categoría, con el equipo madrileño en la temporada 94-95. Al menos anotó una canasta, frente al Huesca, en uno de esos partidos decididos en los últimos minutos.

¿Qué le faltó? Quizás unos centímetros más para ser dominante en su posición natural, la de ‘3’. Mide 1,95 y a los aleros altos de aquella época se les exigían “sí o sí” dos metros para estar en la máxima categoría. Además, coincidió en el tiempo con dos leyendas como Alberto Herreros y Carlos Jiménez. Y, pese a todo y porque parece un tío muy positivo, recuerda con enorme cariño esa etapa de su vida.

“Empecé en el Majadahonda, pero el Estudiantes me vio y me fichó ya desde cadete de primer año. En el Ramiro pasé probablemente la mejor etapa de mi vida. Aquello era baloncesto en estado puro: competir, ganar, los valores a nivel personal a nivel personal y educativo”, relata. Le gusta contar que, cuando ‘Pepu’ Hernández sustituyó a Miguel Ángel Martín en el banquillo, él fue el primer jugador al que ascendió desde el filial, aunque matiza que su entrenador más influyente ha sido Ángel Goñi.

En acción.
En acción.

Pese a todo, a partir de 1995 se tuvo que buscar la vida en otros sitios, empezando por Granada, donde fue copartícipe del ascenso a la ACB desde la entonces potentísima Liga EBA. “Fue un año magnífico. Perdimos muy pocos partidos e hicimos un gran vestuario. Todavía me sigo viendo con cuatro amigos que hice entonces para toda la vida, Alfredo Fabón, Jorge Sanjuán, Rafa Talaverón y el delegado, Fali. Los cinco nos juntamos cuando podemos. Fue una pena no haberme podido quedar, porque Pedro Martínez me quería”, explica. Aquello le supuso un golpe moral del que intentó recuperarse en Calpe y Menorca, aunque donde realmente volvió a sentirse genial jugando fue en La Palma, donde estaría tres temporadas entre EBA y LEB-2. “La ‘Isla Bonita’ es mi segunda casa y me gustaría irme a vivir allí algún día. Ya he hecho algún movimiento para conseguirlo. Al menos voy un mes y medio al año cuando estoy de vacaciones”, destaca.

Tras una última campaña en El Ejido en la 2001-02 decidió dejar el profesionalismo (solo tenía 28 años) y únicamente siguió jugando en Madrid y alrededores en EBA. Empezaba una nueva etapa para él, primero en una empresa de reformas de interiores (como tantas otras, torturada por el fin de la ‘burbuja inmobiliaria’) y actualmente para una filial de Telefónica llamada Abentel como auditor de instalaciones.

Imagen actual.
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