Nacho Ordín: De vuelta a Granada

Nacho Ordín: De vuelta a Granada

Javier Ortiz Pérez

Penetrando a canasta con el Granada.
Penetrando a canasta con el Granada.

Nacho Ordín cumplió 37 años el pasado mes de enero, pero sigue por esas canchas de Dios, en concreto las del grupo D de la Liga EBA. Juega en el Covirán de Granada, una ciudad que probablemente vivió sus mejores momentos en el baloncesto durante cinco temporadas consecutivas, cuatro de ellas en ACB y otra en LEB saldada con el ascenso.

Se trata, sin duda, de una apuesta romántica por ambas partes. El jugador consideró que todavía puede echar una mano, pese a llevar algún tiempo sin jugar, y el club es consciente de la gran imagen que dejó en Granada. Ordín, además, prepara desde hace tiempo su transición a una vida laboral posterior. Acabó su carrera universitaria el pasado mes de diciembre, viviendo en Barcelona, pero cuando el sur llama, lo hace poderosamente. “Me gusta mucho el proyecto de Granada”, comenta.

Alicante, ‘playoffs’ 2011-12.
Alicante, ‘playoffs’ 2011-12.

Su historia es la de un chico criado en Monzón (Huesca) que nunca llegó a jugar en Aragón. “Había un buen club, una buena escuela, pero cuando en los campeonatos autonómicos me enfrentaba a los chicos del CAI Zaragoza, veía que necesitaba un paso más”, recuerda. Así es que en edad cadete decidió marcharse al Baloncesto León, donde puso el ojo para seguir progresando.

Después de ser ‘MVP’ de la Liga de Verano de Fuenlabrada aquel verano, en la temporada 98-99 debutó en el primer equipo, más bien en el papel de tercer base. No pareció el momento más adecuado a nivel institucional: el club bajó la siguiente campaña y no pudo subir en su primer intento, en la 2000-01. Granada se cruzó por primera vez en su camino, abriendo un lustro en el que hubo de todo: un descenso, un ascenso, años de lucha por la permanencia y otros de mucha más tranquilidad.

Ordín (con tilde, siempre lo recalca) ya era un base consolidado que discutía la titularidad a jugadores quizás más dinámicos como Carlos Cherry o Nico Gianella. “Siempre me he visto a mí mismo un poco como de la ‘vieja escuela’. Quizás no era muy fuerte físicamente, pero conocía el juego. Quizás si me hubiera tocado jugar ahora en la Liga Endesa, con los bases tan fuertes que hay, lo hubiera pasado mal”, sostiene. Era un jugador muy fiable, ya que casi nunca se lesionaba, dotado de una técnica individual muy trabajada.

Celebrando el ascenso con el Pau Orthez.
Celebrando el ascenso con el Pau Orthez.

Eso lo expresa bien su acierto en los tiros libres. En la 2001-02 logró una marca asombrosa: 53 de 54, un 98,1%. Fue récord en la liga hasta que se lo arrebató el estudiantil Blake Ahearn ocho años después por unas décimas (57 de 58). “Me hizo mucha ilusión batirle el récord a alguien como Epi, pero al final era un poco una pesadilla, porque todo el mundo estaba más pendiente de mí por los tiros libres que por otra cosa”, apunta.

Terminada su etapa en la ciudad nazarí, se mantuvo en la élite con el actual Gipuzkoa Basket. Aquellos 34 partidos en la 2006-07 y dos en los ‘playoffs’ con el Alicante 2011-12 cerraron un total de 229 en la máxima categoría, con 7,6 puntos en 22 minutos de promedio. Entre medias, también tuvo experiencias en Oro en el Breogán (tres temporadas) y el Girona (dos), casi siempre a un nivel muy alto a nivel ofensivo.
Antes de regresar a las pistas, su último equipo en la 2012-13 fue el histórico Pau Orthez, con el que consiguió el ascenso a la Pro-A. “Fue una buena experiencia”, resume. Fue una buena forma de homenajear a sus ancestros: “Mi padre estuvo investigando y resulta que nuestro apellido es francés”.