Velimir Perasovic: El insaciable

Velimir Perasovic: El insaciable
Tricampeón europeo con la Jugoplastica.

Javier Ortiz Pérez

No necesita mucha presentación Velimir Perasovic, ¿verdad? Hasta hace bien poco ha sido entrenador del Valencia Basket. Baste un dato: desde que llegó a España en 1992 para jugar en el Breogán, han sido muy pocas las ediciones de la Liga Endesa/ACB en la que no ha estado presente, ya fuese en la pista o en la banda. Un personaje fundamental al que, como todos sospechamos, seguiremos viendo por aquí.

‘Peras’ vino al Breogán con 27 años siendo ya un jugador consagrado, pero no una súper estrella, un ‘status’ que conseguiría posteriormente, entre Lugo y su exitosísima etapa en el Taugrés. La explicación hay que buscarla en quiénes le habían rodeado hasta entonces: Toni Kukoc, Dino Radja y compañía en las tres Copas de Europa ganadas con la Jugoplastica de Split y ambos dos y algunos ‘cracks’ más en la selección yugoslava (oro en Argentina-90 y Roma-91).

Desde luego, era ya un fantástico tirador, pero al mismo tiempo no más que un relevo. La demostración es que fue Breogán y no uno de los ‘grandes’ el que puso toda la carne en el asador para ficharle, un error que se subsanaría un año después con su llegada a Vitoria.

La disgregación de la antigua Yugoslavia le permitió tener además un papel más protagonista en la selección croata, con aquella inmejorable plata en Barcelona-92 como entreno. Va otro dato: en nueve de sus once campañas en España (una en Breogán, cuatro en Baskonia, cinco en Fuenlabrada y una en Alicante) superó los 20 puntos de promedio. A una Eurocopa (antigua Recopa) y una Copa del Rey en Vitoria se sumó el ascenso con el ‘Fuenla’. Siempre profesional hasta cierto paroxismo, siempre adorado por la hinchada.

Las anécdotas que ilustran todo esto son innumerables. No sé quién contó que el tipo siempre llevaba un balón de baloncesto en el maletero de su coche, por si se terciaba echar unas canastas en cualquier lado. Trabajo, trabajo y trabajo. Honradez y profesionalidad llevada al extremo, una filosofía que ha terminado transportando a los banquillos. En este perfil que se publicó en acb.com sobre él en el 2004 también se cuenta que es un gran aficionado a la historia, sobre todo a lo relacionado con la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil española.

En total, 354 partidos ACB con 20,9 puntos de promedio y, ojo, un 42% en triples, que están teniendo su prolongación en una carrera como entrenador interesante, aunque con algunos altibajos y momentos duros. En la 2004-05 fue cesado en el Caja San Fernando a mitad de temporada en una decisión que no todos entendieron; en el 2006 ganó la Copa con su adorado Baskonia, el primero en hacer doblete como jugador y técnico en esta competición; en el 2007 sufrió una angina de pecho y tuvo que dejar su puesto; en la 2007-08 regresó con fuerza y salvó al Estudiantes del descenso; desde el 2012 al 2015 ha sido el ‘jefe’ en ‘La Fonteta’ con el contraste entre haber devuelto al club a la primera fila (la Eurocup del año pasado) y haber tenido que marcharse este enero.

me quedo con esta, completísima, del 2012 en Las Provincias

La ventaja de conocer España. “Fui jugador durante diez años en la ACB y uno en la LEB y cuatro entrenador en la ACB. Con tanto tiempo en el baloncesto español conoces a los árbitros, a los equipos contrarios y hasta los pabellones. Eso es bueno”.

Su carrera como entrenador. “He pasado por tres equipos en España como entrenador y alguna vez no seguí porque yo no quise. De momento estoy satisfecho con mi carrera como entrenador porque en siete años he entrenado en clubes tan importantes como el Tau, la Cibona o el Efes Pilsen. Uno de los retos más bonitos de mi carrera fue haber salvado a Estudiantes del descenso en una situacion desesperada. Llegué al club en plena guerra civil entre ellos, yo me metí en medio sin saber ni donde estaba. Me llevé un buen recuerdo por haber salvado al equipo, fue un éxito personal importante”.

Fama de duro. “Hay cosas buenas y malas en ello pero no puedo entrar en lo que la gente habla de mi. Yo se como soy y es muy difícil que cambie. Lo que tengo claro es que no soy injusto con los jugadores, ellos tienen que entender que están en un trabajo muy bien pagado, que la gente es feliz o triste con los resultados de los partidos y sólo les pido que se esfuercen. Si no lo hacen soy muy duro. No puedo atacar a un jugador que quiere y no le salen las cosas pero sí que puedo hacerlo al que no hace todo lo posible por hacer las cosas bien. No les busco por la noche, me da igual donde estén los jugadores por la noche, pero saben que a la mañana siguiente tienen que rendir y entrenar bien. El que sale y no lo hace claro que le castigamos. Cuando has pasado veinte años como jugador has visto a compañeros que se escaquean y ahora lo percibes más fácil, sabes cuando alguno pone alguna excusa para no entrenar. Cuando eso pasa no miro hacia otro lado porque si pasas una se repetirá más veces hasta el infinito. Esas cosas se cortan de raíz. El compromiso conmigo tiene que ser diario”.

La separación de la selección yugoslava. “La guerra y la política hizo mucho daño a aquel equipo, tenéis la prueba en la película de Divac y Petrovic. Yo en la Jugoplastica tenía mis mejores amigos serbios, como Pavicevic o Savic. La guerra hizo daño pero los amigos siempre están”.

Su dominio del castellano. “Mi filosofía de la vida es que para respetar el pueblo a donde vienes a trabajar tienes que aprender su lengua lo antes posible. Por eso en los tiempos muertos quiero hablar en español, para que los jugadores que no hablan hagan un esfuerzo y aprendan castellano. Si vienes a España y hablas inglés, ¿Qué significa esto?. Si no lo entiendes tienes que hacer todo lo posible por hacerlo”.