Crawford Palmer: Americano, pero muy francés

Crawford Palmer: Americano, pero muy francés
En la final olímpica ante USA.

Javier Ortiz Pérez

Comunitario de los rentables este Crawford Palmer, más en el Joventut, donde permaneció dos temporadas (99-2000 y 2000-01) que en Cáceres (solo una, 2001-02). En 91 partidos ACB promedió 8,9 puntos y 5,4 rebotes. La suya es una historia de amor con Europa, sobre todo con Francia, que se prolonga hasta nuestros días.

Nacido en el estado de Nueva York, seguramente ni imaginaba en 1993, recién salido de la universidad de Dartmonth (anteriormente había estado en la de Duke, siendo campeón de la NCAA en 1991), que toda su carrera profesional la pasaría en el ‘Viejo Continente’ y que disputaría en el 2000 una final de unos Juegos Olímpicos con el país galo.

Sin embargo, su integración resultó estupenda desde el principio, partiendo de ocupar plaza de norteamericano y posteriormente lograr el pasaporte francés, lo que indudablemente le revalorizó. Se trataba de un ‘5’ ni muy alto (2,04) ni muy fuerte, pero de una excelente técnica individual y que sabía leer el juego. No fue extraño que un entrenador al que le encantan los jugadores así, Alfred Julbe, le fichase primero para el equipo de Badalona procedente del Villeurbanne y después para el extremeño.

Palmer tenía buena mano, pero no abusaba en absoluto del triple (35 intentos en sus tres temporadas en España por 643 de dos puntos). Práctico, fiable… En suma, un americano que no ocupaba plaza de extranjero y que fue un añadido muy importante en la selección francesa que solamente acabó por detrás de Estados Unidos en Sydney-2000. Por cierto que no tuvo inconveniente en encararse con Kevin Garnett en la final. Fue cerca de medio centenar de veces internacional entre 1998 y 2002.

Tras una complicada temporada en Cáceres, y como el club acababa de prescindir de Julbe, rescindió el año de contrato que le restaba. Regresó a Francia, al Estrasburgo, donde pasó los últimos años de su carrera, hasta el 2006, cuando se retiró entonces con 36 años. Ganó la liga un año antes. No abandonó el país, hizo un master en gestión deportiva y se puso a trabajar en la federación nacional, fundamentalmente como delegado de la selección absoluta y ejerciendo de enlace con los jugadores franceses de la NBA. Ahí ha estado hasta hace relativamente poco. Desde el 2012 ha sido director deportivo de un club llamado Sanary, ha entrenado a chicos jóvenes y ha sido comentarista televisivo de partidos de la liga norteamericana.

No me ha sido posible conseguir declaraciones suyas, aunque en esta larga entrevista se recogen algunas palabras sobre su estancia en España. “Me impresionó jugar allí, ante jugadores como Tanoka Beard y Pau Gasol, que era muy joven, pero no estaba nada mal ya. El Barcelona, con Navarro y Bodiroga, fue un gran equipo. Hubo grandes partidos contra nosotros, el Joventut. Éramos grandes rivales, aunque nosotros éramos un poco los vecinos pobres”.

Unas cuantas curiosidades de índole familiar para terminar. Su mujer es una jugadora internacional francesa, Sandrine Chiotti. Es hermano de Walter Palmer, pívot bastante más alto que él (2,15) que quizás recuerden en Huesca, donde disputó un par de partidos en la temporada 92-93 y que ahora trabaja en la NBA Players Association como responsable internacional. Y, por último, Crawford es el padre junto con Sandrine de Manon, una chica de 16 años que canta así de bien en la versión francesa del concurso ‘La Voz’ y que también hizo sus pinitos en el basket y el mundo de la moda.

Hace no mucho, el presidente norteamericano, Barack Obama, dijo que Francia era el aliado más antiguo de Estados Unidos, en referencia a la ayuda que prestaron los galos en la Guerra de la Independencia. Palmer es motivo más para reafirmarlo.