Josep Maria Guzmán: ‘Gusi’ luchó contra su espalda

Josep Maria Guzmán: ‘Gusi’ luchó contra su espalda
En el Joventut, en la final copera del 2004.

Javier Ortiz Pérez

Hay un momento paradigmático en la vida de Josep Maria Guzmán, al que todo el mundo llama ‘Gusi’ desde que un entrenador se lo puso en una selección catalana de minibasket. En la final de Copa del Rey del 2004, fue el asistente de un ‘alley hoop’ culminado por su amigo Rudy Fernández con el que todos nos volvimos locos. La cosa es que ambos tenían 18 años y presentaron su candidatura para ser la pareja de moda del basket nacional. La imagen, para el que no la recuerde, está aquí, a partir del minuto 5:20.

Se puede decir que lo de ser de la Penya ‘lo ha mamado’. Sus primeros recuerdos con un balón de basket en las manos se remontan nada menos a cuando tenía tres años. Muy pocos jugadores de los que aparecen aquí tienen un arranque tan precoz. “Mi referente era Raúl López. Me encantaba intentar dar espectáculo, como él”, señala.

Resultó que, de ambos protagonistas de aquella jugada de Sevilla, solamente Rudy triunfó plenamente. A Guzmán le falló algo fundamental en el baloncesto: la espalda. Desde que sufrió la primera lesión en esa zona en Melilla, su carrera sufrió enormemente y tuvo que convertirse en otro tipo de base, menos explosivo y más cerebral. “Mi prioridad pasó a ser no cometer errores, no darle tanta importancia a anotar yo, sino a ser la prolongación del entrenador en la cancha. Eso sí, me seguía gustando jugarme los últimos tiros”.

Todavía hoy, alejado del profesionalismo con 30 años aunque todavía en activo en EBA, sufre dos protusiones discales. Es casi un milagro que volviese a la Liga Endesa en el 2007, después de cuatro años de intentar reencontrarse en LEB.

Fernández y Guzmán se convirtieron por breve tiempo en una especie de ‘Zipi y Zape’ en el Joventut, pero nuestro protagonista de hoy marchó cedido en busca de más minutos. “La espalda se me lesionó entonces y fue muy condicionante para todo el resto de mi carrera. Hasta que no llegué a Menorca no me reencontré un poco con mi juego, porque sistemáticamente me molestaba y no encontrábamos solución”, recuerda. En la isla volvió a jugar entre los mejores otro par de campañas (2007-08 y 2008-09), además de una tercera campaña, de nuevo en la Adecco Oro. Su último año jugando fue en Lleida (2011-12) en esta categoría con Lleida, tras lo que decidió darle un giro a su vida. “Ya veía que no podía estar al más alto nivel”, confiesa.

¿Y qué siente cuando mira atrás? “A veces ves partidos y hay gente de mi generación jugando ahí, con los mejores, y… bueno… Tampoco me gusta pensar mucho. No soy una persona que se quede atrapada en el pasado, porque entonces no puedes hacer nada. El mundo sigue y me ha tocado a mí. No estoy contento con cómo fue todo, pero soy feliz”.

Tras pasar por el Sabadell, ahora está en el Aracena, también de EBA, disfrutando a su manera del baloncesto, pero al tiempo va labrándose su futuro: estudia INEF en Barcelona, colabora con el colegio ‘Pere Verges’ de Badalona y coordina las actividades de un club llamado Basket Tiana. “Estoy contento, pese a todo. Me permite estar cerca del deporte”. Lo dice un tipo positivo que luchó contra su espalda.