Javier Chica: El ‘3-4’ ingeniero

Javier Chica: El ‘3-4’ ingeniero
Curiosa imagen actual.

Javier Ortiz Pérez

Javier Chica tiene ese aire de la gente a la que le apasiona tanto hablar de lo que le gusta como llevarlo a cabo. Le ocurre con el baloncesto, un deporte en el que empezó muy tarde, “con 16 o 17 años”, pero que se convirtió en el eje de su vida durante muchos años. Incluso hoy en día, con casi 45, sigue echando unas canastas los viernes. “Intento que sea ante jugadores peores que yo para poder seguir metiéndolas”, bromea. Y es que, reitera, “nuestro deporte me ha permitido muchas cosas, sobre todo viajar y tener un montón de amistades que todavía conservo”.

Chica es de Jaén, y allí vivió hasta que, en un rápido aprendizaje, empezó a destacar con el balón de basket en las manos. Dio la espalda al fútbol (“era portero”) y destacó en un torneo amistoso, lo que le sirvió para que el entonces Oximesa de Granada le fichase para su cantera. Estaba todavía en edad juvenil. Con el primer equipo llegó a debutar en la 88-89 (dos partidos) y estuvo en su dinámica completamente en la 89-90 (doce).

Después, se movió por equipos del sur, contando orgulloso que ascendió en todas las categorías, con un momento especialmente emocionante cuando lo logró de LEB a ACB con el Huelva en la 96-97. Por cierto, valga el chiste: en el Algeciras 92-93 coincidió con el base Santiago Chico. Chico y Chica, vaya casualidad… Loja, Los Barrios, Cazorla y Las Gambias fueron otras de sus estaciones, casi siempre culminadas en éxito colectivo.

“Yo creo que era un jugador polivalente. Obviamente, salvando las distancias, era algo así como un Andrés Jiménez, aunque desde luego no tan alto, porque él estaba en 2,04 y yo en 1,99 como máximo. Pero al igual que él podía jugar como alero e intentaba aprovechar mi envergadura y también como pívot, que era cuando tiraba de rapidez. También saltaba mucho y me atrevía a subir el balón alguna que otra vez”, se autoanaliza.

Una persona importante en su carrera, afirma, fue Dusko Vujosevic, que tuvo un fugaz paso por Granada en la 89-90, pero que, según dice Chica, le ayudó mucho. “Era un tipo al que le gustaba mucho trabajar con jóvenes, con unos métodos que por entonces no manejaban mucho los entrenadores españoles”, recuerda. “Incidía mucho en la técnica individual, lo que me dio un plus de formación muy bueno”.

Después de aquellas dos campañas en Granada (la primera como Oximesa y la segunda como Puleva a nivel patrocinador) no regresaría a la actualmente denominada Liga Endesa, pero miró muy bien hacia el futuro mientras se debatía en las categorías federativas. “Les prometí a mis padres que sacaría adelante la carrera y finalmente lo conseguí, después de siete u ocho años, sobre todo acudiendo las convocatorias de septiembre porque para las de junio era más complicado por la temporada. Sabía que no iba a vivir del baloncesto toda la vida”, recuerda. Y no hizo una licenciatura cualquiera, no, sino una muy exigente: la de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos.

De eso vive fundamentalmente ahora: junto con un antiguo compañero de equipo fundó una pequeña empresa de construcción en Granada con la que, asegura, no le va mal. “No nos hemos metido en grandes líos. Somos gente seria”, sostiene. Pero también ha sabido diversificar sus inversiones y participa en un restaurante situado muy cerca de La Alhambra llamado Ruta del Azafrán. No tiene mala pinta… Habrá que probarlo algún día.