Alfons Ribas: Minutos de calidad para el chico de la casa

Alfons Ribas: Minutos de calidad para el chico de la casa
Primera temporada en ACB...

Javier Ortiz Pérez

Gustaba mucho en Girona tener a gente ‘de casa’ en el equipo. Quizás no en un papel muy protagonista, pero sí lo suficiente como para que el público –primero en Sa Costa y luego en Fontajau— tuviese un plus extra de identificación con el equipo que durante años fue conocido simplemente como ‘el Valvi’. Pues bien, Alfons Ribas fue uno de esos jugadores.

No bastaba con rellenar la plantilla con chicos gerundeses para las fichas 11 y 12. Debían tener minutos… siempre que se los ganasen. Y pocos pueden dudar que Ribas lo hacía gracias a su enorme trabajo defensivo. “Siempre vi el baloncesto como algo colectivo, no personal, así es que cuando salía a la pista me dedicaba sobre todo a sumar a favor del equipo, a hacer lo que se necesitaba en cada momento”, apunta ahora. Desde 1988 a 1994 (seis temporadas consecutivas en ACB, ahí es nada), el chico de Palol Revardit, a apenas cinco kilómetros, echó una mano. Fueron 125 partidos con 2,5 puntos y 1,1 rebotes en 11 minutos de promedio. “En ataque era bastante normalillo”, reconoce. Su bajo porcentaje de triples para ser un exterior (un 25%) le delata.

Ribas, un escolta de 1,96, empezó a jugar al baloncesto en el Sant Josep y más tarde pasó a las categorías inferiores del Valvi. Joan Maria Gavaldá le hizo debutar siendo junior en un encuentro ante el Caja Guipuzcoa, el clásico partido que está ya sentenciado (109-82 terminaría). Le dio tiempo a anotar un tiro libre.

Su protagonismo tocó techo en la cuarta de las seis temporadas, la 91-92, cuando alcanzó los 14,5 minutos y firmó su mejor anotación, 12 puntos ante el Unicaja. En la última, la 93-94, no alcanzó ni siquiera los diez, así es que podía intuirse que ambas partes separarían sus caminos. Su posición en el sentido táctico y sentimental la ocuparía poco después Gerard Darnés.

“Fue todo muy agradable. No intentaba ser profesional, simplemente divertirme”, dice de forma desenfadada. De hecho, durante todos aquellos años en la máxima categoría no dejó de ayudar en el negocio familiar, una gasolinera, donde todavía sigue.

Su trayectoria cuando concluyó el sueño de la élite en casa se circunscribió a su zona de influencia en EBA y Primera catalana, como el Sant Narcís, donde jugó hasta el año 2001 y posteriormente ejerció como entrenador. “Lo he dejado hace un par de años por falta de tiempo”, apunta, dejando intuir que la timidez, además de la modestia, es otra de las claves de su personalidad. Tuvo una pequeña aventura en el Plasencia que no le salió bien y regresó enseguida.