Dan Godfread: Un tipo raro (y una tragedia)

Dan Godfread: Un tipo raro (y una tragedia)
Caja San Fernando 94-95.

Javier Ortiz Pérez

A cualquiera que le preguntes que haya compartido vestuario con Dan Godfread te responde con la misma frase: “un gran jugador, pero un tipo muy raro”. Solitario, de los que va a la suya constantemente y apenas habla. Sí, una cosa iba inherente a la otra. Y, bueno, como al fin y al cabo lo que importaba era el rendimiento en la pista, tuvo unos buenos años en España.

Godfread era un ‘5’ atípico. Con 2,08, blanco como la nieve y aparentemente tosco, tenía muy buenos recursos. Un tiro de 4-5 metros bastante efectivo, un medio gancho ‘ortopédico’ que solía meter y bastante dureza en la lucha por los rebotes, pese a sus manos ‘blandas’. Poco a poco fue subiendo escalones aquí: primero en el Festina Andorra con dos temporadas ‘fetén’ (17,9 puntos y 8,2 rebotes en la 92-93 y 15,8 y 8,0 en la 93-94); luego en el Caja San Fernando incluso mejor (20,1 y 8,6 en la 94-95) y finalmente en el Barcelona, con el que ganó la Liga 95-96 (14,0 y 6,2) y se quedó muy cerca de la Copa de Europa.

Había protagonizado algún incidente aislado (una protesta muy rotunda al árbitro Gallo cuando jugaba en Andorra), pero a partir de entonces empezó a liarla demasiado a menudo. No lució mucho en Turquía con el Ulker, pero conservaba muy buen cartel y el Cáceres lo fichó para la 1997-98 confiando en hacerle el centro de sus sistemas. Visiblemente incómodo con el técnico desde hacía semanas, se asegura que le arrojó una silla a Manolo Flores en el vestuario después de un partido de competición europea en Portugal. Fue cortado después de seis encuentros.

En la 98-99, abandonó el Granada sin previo aviso después de haber jugado un solo partido. Era el 153º en ACB, pero no en España, ya que en la siguiente campaña fichó por el Melilla, en LEB Oro. No fue ninguna sorpresa que solamente aguantase dos encuentros. A menudo los clubs con los que tuvo problemas filtraban que buena parte del conflicto que generaba Godfread lo originaba su esposa, Rachelle, que, supuestamente, no solía estar a gusto en las ciudades.

Bien, ahora viene la tragedia.

No he podido contactar con Dan para que nos cuente cómo le va. Hace un tiempo intercambié mails con una persona que organiza campus veraniegos con él y me prometió que me ayudaría, pero las respuestas nunca llegaron, lo cual no me extrañó en absoluto. Así es que ‘googleando’ lo que he encontrado son dos cosas: primera, que su hijo Joe juega al baloncesto a nivel universidad (Indiana South Bend) y su otro vástago, Michael, hace judo, y segunda, que Rachelle falleció hace unos meses, tiroteada en un supermercado. ¿Os habéis quedado helados, no?

Ocurrió el 14 de enero del 2014. La historia suena arquetípica, como de película de serie B americana. La mujer realizaba con tranquilidad compras en una pequeña tienda de alimentación llamada Martin’s en Elkhart (Indiana) cuando se vio envuelta en un incidente ocasionado por Walter Bein, de 22 años. Disparó primero a una empleada del establecimiento llamada Krystle Dykes, de 20, y, cuando se produjo un tumulto de personas queriendo huir, siguió haciéndolo a quemarropa contra todo lo que se movía. Krystle y Rachelle murieron y el propio Bein sería abatido posteriormente por la policía. Cuando se publicó la historia, no se conocía el ‘móvil’ del crimen, pero se cree que la intención del perturbado no era la de atracar, sino que, siendo cliente habitual, tenía algún tipo de relación con Dykes. Qué muerte más absurda.

Algo más que he podido leer sobre el asunto apunta a que Dan y Rachelle, que tenía 44 años y utilizaba su apellido de casada, se habían divorciado hacía unos años, pero no deja de ser una historia brutal.