Juan Rosa: Pisando el acelerador

Juan Rosa: Pisando el acelerador
En la actualidad, con los veteranos del Unicaja.

Javier Ortiz Pérez

Lo primero: no hay que confundir a este Juan Rosa con otro jugador, alero, del mismo nombre y muy similar época del que ya hablamos aquí. Hoy vamos a referirnos a un base bajito (1,82) y explosivo que pasó a la historia por ser el primer internacional que dio Málaga, aunque después de aquello no tuvo mucha suerte en su carrera en la élite.

“Con nueve años fui a una ‘operación altura’ que organizaba el padre de Berni Rodríguez, Bernardo. A mí me faltaba medio centímetro para que me admitiesen, así es que lloré como un loco para que lo hiciesen, y me funcionó”. Este es el primer recuerdo sobre baloncesto que tiene nuestro protagonista de hoy.

Su crecimiento en el juego fue meteórico. Debutó con apenas 16 años en el primer equipo del Caja de Ronda y se hizo un hueco en la selección junior. “Fue gracias a Jordi Grau, que le mandó un vídeo a Manel Comas en el que yo aparecía, y le encanté”, narra Rosa, que contabiliza como internacional absoluto porque fue seleccionado para los Juegos del Mediterráneo de 1987 disputados en Siria. España logró la plata.

Le nombraron deportista malagueño del año. Y su carrera seguía ascendiendo, ajena a los malos tragos que esperaban más adelante… Con 18 años fue decisivo en el ‘playoff’ de permanencia ante el TDK Manresa, en la temporada 87-88, anotando once puntos en el quinto y definitivo choque en el Congost. Pero en la siguiente todo dio un giro: llegó al banquillo de Ciudad Jardín Mario Pesquera, que apenas dio confianza a los reservas. Fede Ramiro, el experimentado base titular, lo jugaba prácticamente todo, mientras que Rosa se preguntaba con el chándal siempre puesto qué podía hacer para arrancar algún minuto.

Tampoco le vino bien interrumpir su carrera para tener que cumplir con el servicio militar. “Tuve mala suerte. A última hora me dijeron que no contaban conmigo”, resume, convencido de que podía haber llegado mucho más lejos. “Lo que cuentan los que saben es que yo era un base adelantado a la época. Lo que se les pedía entonces a los que jugaban en esa posición era que ordenase el juego y pasasen. Yo era muy anotador, miraba mucho a la canasta”, sostiene Rosa.

Sus siguientes experiencias en Huelva, Melilla y Marbella un peldaño más abajo le abrieron otra vez las puertas de la máxima categoría. En 1995, seis años después de sus últimos encuentros ACB con el Caja de Ronda, el León apostó por él. Pero tampoco resultó. “No me lo expliqué muy bien. Creo que me salí en la pretemporada, pero luego en la liga tampoco conté con oportunidades”, lamenta.

Reconoce abiertamente que aquello le amargó y le llevó a abandonar el baloncesto. Tenía 27 años. Esa decisión tuvo un pequeño paréntesis en cuatro temporadas después, cuando firmó con el Marbella en Liga EBA. “No lo podía creer cuando me llamaron, pero al final resultó bien”, señala. Tan bien que, pese a ese largo tiempo de inactividad, le dio para promediar 16,3 puntos en 29 minutos. Una vez más, se había demostrado a sí mismo que podía haber sido un jugador importante.

Desde hace cinco años es responsable de ventas en un concesionario de BMW en la capital malacitana. Es un negocio el de los coches que se ve que se le da bien: anteriormente estuvo en Audi. Lo suyo, desde luego, siempre ha sido la velocidad.