Mike Giomi: Un fijo en la ‘segunda’

Mike Giomi: Un fijo en la ‘segunda’
En el Viña Costeira de A Coruña 92-93.

Javier Ortiz Pérez

Resulta chocante darse cuenta de que Mike Giomi solo jugó 43 partidos en la actualmente denominada Liga Endesa cuando fue un rostro prácticamente fijo en nuestro baloncesto durante diez años casi consecutivos. Pero ocurre que, como algunos otros, se especializó en ser una estrella en la segunda categoría, llamase como se llamase (Primera B, EBA o LEB, cuyos primeros pasos conoció).

En ACB sus cualidades brillaban bastante menos, aunque eran muchas. Sobrio, sacrificado, con buena mano, conocedor del juego… Un ‘4’ a la vieja usanza, aunque con el tiempo su tiro exterior fuese mejorando. No fue raro que un peldaño más abajo fuese un jugador importantísimo, o como minímo un gran productor de estadísticas. Sus únicas oportunidades en lo más alto fueron con contratos temporales, pero aún así dejó buen recuerdo.

Giomi es de Modesto (California). Jugó en North Carolina State (adonde llegó después de abandonar Indiana, harto de los métodos de Bobby Knight). No pasó de un lejanísimo puesto 147 en el ‘draft’ de 1987, elegido por Seattle, pero aún así persiguió su sueño. Los Sonics le descartaron antes del último partido amistoso de pretemporada. Eso debe doler.

Su primera experiencia profesional fue la siguiente campaña en Francia, pero enseguida España se enamoró de él: sus buenas actuaciones en Oviedo le sirvieron para ser reclamado por el Cajabilbao, que buscaba un sustituto para Eugene McDowell. Nuestro hombre cumplió con creces (19,2 puntos y 8,9 rebotes), pero no abandonó el siguiente verano la Primera B, con un buen contrato en Cajamadrid.

A finales de 1990 recibió su segunda llamada de la máxima división para ocupar el puesto de Claude Gregory en el Breogán. Nadie entendió que, con estadísticas importantes (18,3 y 9,0) fuese sustituido para los ‘playoffs’ por Jim Rowinski. Quizás ‘en deuda’, Lugo le daría una pequeña oportunidad unos años después, en 1994, pero solo fueron once partidos en los tres meses de contrato que firmó, en los que además tuvo la mala suerte de sufrir una rotura fibrilar. Entre medias, gozó de continuidad (dos años) en La Coruña.

Alicante, Gijón y Tenerife en proyectos que buscaban el ascenso fueron sus últimas paradas en España y en el baloncesto, ya con 34 años. Volvió a la ciudad que le ‘drafteó’, Seattle, pues resulta que durante su pretemporada con los Sonics conoció a Jennifer, con la que uniría su destino y tendría tres hijos, Lydia, Anthony y Xavier. “Tenemos muy buenos recuerdos de España. Por lo menos una vez a la semana hablamos de que tenemos que volver allí y pasar unas vacaciones bien largas”, afirma vía Facebook.

En más de una ocasión ha prometido contarnos más cosas de su vida actual, pero no ha terminado de hacerlo. Sí que sabemos que ha trabajado en el mundo de las inversiones inmobiliarias y que ahora dirige su propia constructora, Terra Firma II. Lo podéis ver en su perfil de Linkedin, en el que por cierto asegura que maneja el español.

“Me encanta Seattle. Hay un montón de baloncestistas profesionales, ya sea de la NBA, la CBA o Europa. Algo les ha atraído de la ciudad. Bill Russell vive aquí. Parece que hay mucha gente de prestigio que vive aquí y nadie lo sabe”, contaba en una entrevista ya antigua, del 2004.