Teemu Rannikko: Cerebro finés

Teemu Rannikko: Cerebro finés
En el Khimki.

Javier Ortiz Pérez

Como le sucede a Hanno Mottola, quizás le ha pillado un poco mayor a Teemu Rannikko el reciente ‘boom’ del baloncesto finlandés, aunque también es cierto que ambos han contribuido a él. En la temporada 2009-10, el base se convirtió en el segundo jugador de su país en jugar en España, lo cual le hizo sentir bastante orgulloso.

Rannikko asegura que que estaba deseando jugar en la ACB hacía bastante tiempo. A esas alturas ya tenía una larga carrera continental y Finlandia se le había quedado pequeña. Tanto fue así que en el 2000 estuvo haciendo algunos entrenamientos privados para franquicias de la NBA (los Knicks entre ellas) porque se quería presentar al ‘draft’, aunque finalmente renunció a ello. Fue un gran caso de precocidad, algo así como un ‘Ricky Rubio finés’, porque jugaba en la primera división de aquellas tierras desde los 16 años.

Estuvo cinco años en Italia (del 2000 al 2005) en Reggio Emilia, Roseto y Scavolini (aquí con Mottola, por cierto), dos en Eslovenia (del 2005 al 2007) con el Olimpia de Ljiubiana y otros dos en el Khimki ruso (en el segundo se lesionó de gravedad) antes de su aventura andaluza. Su etapa en el ‘CeBé’ se saldó con bastante discreción estadística (4,8 puntos en 16 minutos, tirando más del doble de tres, 77, que de dos, 33).

Él lo recuerda con bastante agrado, pero también con un matiz importante que le restó bastante. “Por fin tuve la oportunidad de jugar allí. Creo que fue una temporada bastante sólida en Granada y que luchamos durante mucho tiempo por llegar a los ‘playoffs’, aunque no lo conseguimos”, apunta. El ‘matiz’ fue la falta de liquidez del club en algunos meses, que se lo hizo pasar mal. “Hubo problemas financieros y eso fue negativo. Si no hubiera sido así, hubiera disfrutado mucho más de mi tiempo en España. La gente era muy amigable y resultaba fácil vivir allí”, asegura. Después de aquello, y aunque el Granada quiso renovarle, volvió a Italia (Varese) y a Eslovenia, de nuevo al Olimpia.

Rannikko se define como “un estudiante del juego. “Soy un base de los que les gusta llevar el mando del equipo. No necesito anotar, pero desde luego, puedo meter algunos triples”, explica. No habla, supongo que por pudor, de algo que se suele señalar sobre él: su tremendo carisma y capacidad de liderazgo. Cuando Finlandia era una selección de cuarta fila a nivel europeo, él estaba ahí tirando del carro. Es uno de los mejores ‘bases puros’ de Europa de la última década, aunque no tenga el mismo glamour que otros, claro.

Ya con 34, parece que ha decidido volver a su tierra para disfrutar de sus últimos años de carrera, aunque también habrá pesado poder estar más cerca de su familia (tiene dos niños pequeños). Sigue siendo internacional (disputó la pasada Copa del Mundo en Bilbao) y juega en el Kataja Basket, que está en la Eurochallenge.