Scott Burrell: Un anillo en Bilbao

Scott Burrell: Un anillo en Bilbao
En su presentación en Bilbao (Foto: Solobasket).

Javier Ortiz Pérez

Un campeón de la NBA pasó por España bastante inadvertido hace relativamente poco. Se trata de Scott Burrell, que llegó ya con 34 años en el cuerpo al Bilbao Basket 2004-05. Fueron los últimos ocho encuentros de la liga regular y con un papel bastante pequeño en comparación con su currículum.

Burrell promedió 5 puntos y 3,5 rebotes en 21 minutos y, lo más importante, ayudó en la lucha por la permanencia en lo que fue el primer año del club en la máxima categoría. Sus mejores días obviamente habían pasado, pero el ‘tanto propagandístico’ ya se lo habían apuntado en el ‘Botxo’. No todos los días se tiene en casa a un jugador que ha estado codo con codo con Michael Jordan y Phil Jackson ganando unas finales.

Su historia tiene su miga: se trata de una de esas estrellas ‘multideporte’ que de vez en cuando se generan en Estados Unidos. Tipos a los que se les da bien todo, como Danny Ainge o Bo Jackson. Además de jugar al fútbol americano, nuestro hombre fue el primero en ser escogido en la primera ronda del ‘draft’ por la NBA y la MBL de béisbol. Tras algunos titubeos como ‘pitcher’ en las ligas menores, finalmente se decidió por la canasta y no le fue nada mal.

En los Connecticut Huskies destacó especialmente, siendo el número 20 del sorteo universitario de 1993 por Charlotte Hornets, donde pasó los primeros cuatro años de su carrera. En el segundo promedió 11,5 puntos y fue nombrado ‘jugador más mejorado’, pero poco después una racha de lesiones le relegó a jugador secundario.

Su momento de gloria se produjo en la temporada 97-98. Llegó vía traspaso desde Golden State Warriors a los Bulls, que le utilizaron sobre todo como lanzador ocasional en lo que sería el sexto anillo de la franquicia. Después, tras la segunda retirada de Jordan, se quedó en el United Center padeciendo derrota tras derrota. Totalizó 383 partidos de liga regular con 6,9 puntos en 19,8 minutos.

Machacado físicamente, su último encuentro NBA lo jugó con 30 años, de regreso a Charlotte. Después, intentó volver incluso a través de la D-League, pero no lo consiguió. El objetivo pasó a ser ir saliendo del paso en China, Filipinas y Japón. Bilbao fue la única ciudad europea en la que jugó con los resultados reseñados.

Como tantos otros, eligió el banquillo como modo de seguir vinculado al baloncesto. Ya en Asia ejerció como entrenador. Desde hace siete años es ayudante en la Universidad de Quinnipiac, en su estado natal de Connecticut. “Lo mejor de este trabajo es poder transmitir lo que sé y lo que he aprendido de las experiencias, de otros entrenadores y de las lecciones que te da la vida, y ver a los chicos mejorar y competir es mi recompensa. Mi padre me enseñó a escuchar y a aprender, escuchar y observar todo alrededor tuyo. Eso es una parte de crecer como persona y como jugador. Nuestros chicos tienen un gran respeto por los entrenadores y nuestro programa y están trabajando mucho”, afirma desde allí.