Predrag Savovic: Un bilbaíno más

Predrag Savovic: Un bilbaíno más
En el Bilbao Basket.

Javier Ortiz Pérez

Menos entrenador, Predrag Savovic lo ha sido todo en los diez años que lleva en Bilbao: primero jugador, luego presidente y actualmente empleado del club, como director general. Se podría decir que es un montenegrino del ‘Botxo’, ¿no? Allí está asentado e incluso cuenta que sus dos pequeñas hijas, nacidas en la capital vizcaína, hablan euskera.

El Savovic jugador llegó a estar en la NBA. Un añito, sí, pero ahí está, su nombre para siempre. Fue en los Denver Nuggets de la temporada 2002-03 (3,1 puntos en 9,5 minutos, 27 partidos en total). Llevaba ya un tiempo en Estados Unidos, en dos universidades distintas (Alabama-Birmingham primero y Hawaii después). “Estuve siete años en el país y fue una experiencia muy interesante. Ya entonces estaba interesado en la gestión de los clubs y tomé nota de algunas cosas. Tuve muy buena relación con Kiki Vandeweghe, que entonces era el general manager de Denver”, recuerda.

Vandeweghe fue en su época en las pistas un tirador, lo mismo que Savovic en esta primera etapa de su carrera. “Había pocos sitios que me pareciesen malos para lanzar”, confiesa. Muy balcánico eso. Pero al no continuar en Denver (pésima temporada con un balance de 17-65 y bajos porcentajes suyos), eligió como nuevo destino el Charleroi. La idea era volver, pero fue en Bélgica donde sufrió una lesión que cambió su juego. “Perdí masa muscular y ya no podía levantarme igual. Tenía que hacer otras cosas, más de inteligencia y de posición. Ser otro”, cuenta.

Ese ‘otro’ fue el que se vio desde el 2004 al 2009 en Bilbao, cinco temporadas consecutivas en las que totalizó 138 partidos (5,5 puntos en 17 minutos). Excepto en la primera de ellas, lo normal era que saliera del banquillo e hiciese un trabajo complementario. Fue copartícipe de la progresión del club desde ser un recién ascendido a un equipo fuerte en la Liga Endesa. “Tuve mucha suerte de poder jugar con Bilbao y lo di todo”, afirma.

‘Savo’ es uno de esos balcánicos ‘diversos’ dentro de la antigua república socialista: nació en Pula (Croacia) por cuestiones laborales de sus padres, que son montenegrinos de origen kosovar. Y él constó como serbio durante buena parte de su época como jugador, ya que Montenegro todavía no se había independizado. De hecho, el Partizán de Belgrado y el Beovuc –ambos serbios— fueron sus clubs antes de marcharse a Estados Unidos.

Cuando se retiró en el 2009 recibió el ofrecimiento de continuar en los despachos el Bilbao Basket, una rápida traslación de la pista a la oficina que aceptó de buen grado, siendo un hombre interesado en el mundo de la gestión. “Tenía claro que no quería ser entrenador”, asegura. Durante un año ejerció como director de ‘marketing’ y en el 2010 fue nombrado presidente. Desde el palco asistió a momentos tan históricos como el subcampeonato liguero o la participación en la Euroliga.

Tras los problemas de la entidad del pasado verano, pasó al cargo de director general y ahora el presidente vuelve a ser JJ Davalillo, que ya lo era cuando se le fichó. “Es un momento difícil, pero estamos mejor ahora, trabajando duro para sacar el proyecto adelante. Hemos vivido cambios, pero el deporte, no solo el baloncesto, es muy importante aquí en Bilbao. Mi nuevo trabajo tiene momentos buenos y malos”, afirma.