Sebastián Castiñeira: Volver a las raíces

Sebastián Castiñeira: Volver a las raíces
Con el Breogán.

Javier Ortiz Pérez

Ya hemos hablado en otras ocasiones que hubo una época no muy lejana en el basket español en la que los clubs echaron descaradamente sus ‘redes’ sobre Argentina para captar el emergente talento baloncestístico que se cocía allí a finales de los 90 y principios de siglo. Sebas Castiñeira entra en esa historia.

El chico, un escolta-alero de 1,97 nacido de padres españoles, había destacado por su capacidad anotadora en La Pampa. Su primer equipo español fue el Sarria, en Liga EBA, en la temporada 2002-03. Allí permaneció dos años con promedios de 14,7 y 16,5. El Breogán le incorporó a su primera plantilla en la 2004-05, pero no dispuso de muchas oportunidades (18 minutos en siete encuentros y solamente cuatro puntos anotados). La llegada de Sasha Griffa precipitó su salida. Estuvo cedido en Menorca (LEB), pero tampoco dispuso de ocasiones.

A Castiñeira le resulta todavía emocionante recordar aquella época de su vida. “Haber jugado en Lugo me dio la posibilidad de conocer a mis abuelos, tíos y primos, algo que fue hermoso. Estoy deseando volver a verlos”, cuenta desde Argentina. “También me encantó conocer el país de mis padres y haber visto nacer a mi hijo mayor alli. Convivir con gente realmente hermosa”, añade.

Sin embargo, en lo profesional dice haberse quedado con un “sabor amargo”. “Cuando pasé por ACB y no tuve minutos para poder demostrar lo que valía. En su momento lo hablé con Moncho López (el entrenador), pero realmente es la única espina que me quedó2, añade.

En todo caso, prefiere mirar el lado positivo: “Le agradezco a esos años haber conocido a jugadores importantísimos, pero me hubiera gustado enfrentarme a ellos con minutos y confianza dentro de la cancha. Sentía que entrenaba como para merecerlo, pero no se dio”.

Vive en General Pico, en La Pampa, adonde regresó tras un año más vinculado al Breogán. Su hijo lucense se llama Felipe y tiene once años. También tiene una niña, Morena, de seis. Trabaja en el mundo de los seguros, dirigiendo una oficina de Allianz junto a su mujer. Y, con 36 años, no ha dejado del todo el baloncesto: tras pasar por varios equipos de su país (entre ellos, Boca Juniors), está ahora en el Independiente Neuquén en la división Andina Patagónica de la TFB, donde por cierto sigue anotando bastante, alrededor de los 18 por partido. “Despunto el vicio. Me pagan solo por ir allí solo por ir allí a jugar sin entrenar”, apostilla.