Mike Brown: Corpachón solidario

Mike Brown: Corpachón solidario
Intentando anotar con el TDK Manresa.

Javier Ortiz Pérez

No debe haber muchos jugadores que hayan pasado por España con 670 partidos de NBA a sus espaldas (626 de liga regular y 44 de ‘playoffs’). Estamos hablando de Mike Brown, un duro pívot de intensa carrera profesional que echó una mano a tres equipos distintos de la zona baja de la tabla en la ACB, ya siendo veterano, y que ahora participa en una organización benéfica al lado de su mujer, una catalana que conoció aquí llamada Esther Rodríguez.

Lo primero que hay que evitar es el posible malentendido: no es el mismo Mike Brown que ha dirigido a Cleveland Cavaliers y Los Angeles Lakers, aunque él también pasó por un banquillo NBA como ayudante en Chicago Bulls (uno de los equipos en los que jugó). ‘Nuestro’ Brown fue un interior muy fuerte que supo abrirse camino con su corpachón y sus 2,08. En la Universidad de George Washington, además de estudiar ‘criminal justice’, fue una máquina de hacer ‘dobles dobles’ y estuvo entre los 32 finalistas en el proceso de selección para formar parte del equipo olímpico norteamericano para Los Angeles-84. Pese a ello, fue elegido demasiado atrás en el ‘draft’, en el puesto 69 de 1985, por los Bulls, que le reclamaron un año después tras pasar la temporada en Italia.

Al lado de Michael Jordan pasó dos temporadas, casi siempre saliendo del banco para hacer el trabajo sucio bajo los tableros. Después, cinco años en Utah Jazz en el que raro fue el partido que se perdió, aunque en el mismo rol. Dos campañas en Minnesota y una en Philadelphia y Phoenix completaron su periplo en la liga norteamericana, promediando 5 puntos y 4,4 rebotes en 17,5 minutos. Un jornalero cualificado, como se ve.

En este tiempo tuvo otro par de paréntesis ‘italianos’, llegando a España ya con 33 años, en el Cantabria 98-99. Solamente estuvo un partido como sustituto de Ron Curry y tuvo una tremenda mala suerte: se rompió la rodilla en el ascensor de un hotel. “No cumplía las normas de seguridad”, lamenta hoy en día. Por si fuera poco, el club no le pagó y “aún me debe dinero después de 20 años”. Sin embargo, de Torrelavega recuerda “la amabilidad de la gente” y que “el ‘general manager’ se parecía mucho a Antonio Banderas, uno de mis actores favoritos”.

Más significativo fue su papel en Manresa también iniciada la 99-2000, aunque el equipo bajó. “Fue una experiencia maravillosa, buena gente, buenas discotecas, y cerca de Barcelona. Pero lo mejor es que allí fue donde conocí a mi esposa Esther”, apunta.

Por último, también ejerció como recambio de emergencia en el Ourense 2000-01, pero no acabaría esa campaña, también saldada con descenso del club. “En 1983 había estado en Vigo. Fue una experiencia bonita volver a Galicia. Es una zona muy especial de España por sus paisajes. El club tenía muchos problemas de dinero. Además, un par de jugadores estaban lesionados. Fue un mal momento para el equipo”, dice Brown. En total fueron 25 partidos ACB con más rebotes (7,1) que puntos (6,6), lo que no deja de ser significativo, con 25 minutos en pista.

Se define como “un profesional duro. Me llevo bien con todos mis compañeros y me encanta competir”. ¿Y por qué habla en presente, si tiene 51 años? Aquí la respuesta: “Todavía juego cada semana y recientemente he ganado dos medallas de oro en los World Masters Games”.

Anteriormente, tuvo una pequeña carrera de entrenador que arrancó en la liga de desarrollo de la NBA, primero como asistente Roanake Dazzle y luego como técnico jefe en Lafayette Patriots. Tuvo su gran oportunidad en los Bulls en la 2008-09 dentro del cuerpo técnico de Jim Boylan, centrado en el trabajo con los hombres altos.

Con los coches antiguos como gran pasión (los también los arregla), actualmente vive con Esther y sus dos niños, Andrea y Aishah, en Las Vegas. El matrimonio impulsa The Embracing Project, una organización que ella fundó y que se dedica a ayudar a jóvenes involucrados en pandillas y tráfico sexual humano. Salieron en ‘Españoles por el mundo’ a partir del minuto 44. Buena casa tienen.