Amal McCaskill: El recambio perfecto

Amal McCaskill: El recambio perfecto
Problemas en Alicante en el 2000.

Javier Ortiz Pérez

La verdad… Amal McCaskill, un gran jugador. Algo díscolo y disperso, pero el hombre perfecto para cuando, si una temporada se tuerce, levantar el teléfono y llamarle para que se plante el día siguiente en tu ciudad y te aporte puntos y rebotes a malsalva. Así fue en su experiencia ACB, con el impactante dato de que en tres de los cuatro equipos para los que jugó fue para sustituir a otro pívot americano avanzada ya la campaña.

McCaskill tenía ese aire de ‘alma libre’ que siempre expresa alguien cuando se deja ‘rastas’, se supone que como homenaje a la cultura jamaicana. Él nació en Illinois y fue a la universidad en Marquette, en Milwaukee, siendo el número 49 del ‘draft’ de 1996 por Orlando Magic, con los que jugaría inmediatamente. Empezaba así un entrar y salir de equipos de la NBA que no le reportó nunca protagonismo en la pista (114 partidos repartidos en cuatro clubs, 1,8 puntos y 1,9 rebotes en 8,5 minutos), pero sí le hizo ser protagonista cuando los Detroit Pistons le pagaron un millón de dólares por no jugar ni un segundo con ellos.

Su historia española arranca a finales de la 97-98 con el Barcelona, que necesitaba un pívot de sus características: fuerte en el rebote y el tapón y que aportase algo en ataque. No era un estilista, pero tenía sus recursos. No lo hizo mal, pero la eliminación ante el Tau en semifinales le sentenció.

En la 99-2000 quien le llamó fue el León para suplir a Ime Oduok. Curiosamente, en la única temporada en la que comenzó con un equipo español fue también en la única en la que no le fue bien. Ocurrió en la 2000-01 en el Lucentum Alicante que debutaba en la máxima categoría. Nunca se entendió ni con Andreu Casadevall ni con el club, que le expedientó en varias ocasiones por sus salidas nocturnas y acabó echándole solo tras diez partidos. Su ‘redención’ llegaría dos años después en el Forum Valladolid como sustituto de Andrés Guibert. El equipo se salvó y él formó una pareja terrorífica con Anthony Bonner.

Sumando de aquí y de allá, 70 partidos con unos números (14 puntos y 6,8 rebotes) que no le acaban de hacer justicia por su peso en los partidos. Era rapidísimo para su estatura (2,08) y podía correr el contraataque después de frenar una acometida rival. Obvio que le faltaba algo más de tiro, pero tampoco parecía echarlo de menos.

Después de jugar en el Pabellón Pisuerga también tuvo su última etapa en la NBA (Philadelphia) y se agarró al basket con todas sus fuerzas, pasando de históricos como la Virtus de Bolonia a ligas menores como la libanesa, la bosnia o la finlandesa. También se aficionó al dinero seguro del sureste asiático, primero en Filipinas y China y, por último, ya rozando los 40 años, en Corea del Sur.

Desde el 2012 no juega. Ha regresado a su país natal, donde de momento parece que descansa de tantos años de viajes. Es un gran interesado en el mundo del ‘hip hop’ y de la lucha por los derechos civiles.