Josep Maria Lluch: Meses imborrables en Granollers

Josep Maria Lluch: Meses imborrables en Granollers
Entrando a canasta con el Mataro juvenil.

Javier Ortiz Pérez

Casi la totalidad de la carrera de Josep Maria Lluch se desarrolló en el CE Mataró, sobre todo en Primera B, pero tuvo un año en la actualmente denominada Liga Endesa. Fue con el Cacaolat Granollers 88-89. Él mismo nos lo narra con mucha precisión y claridad.

“Siempre digo que mi pena fue no haber jugado a mini básquet, pues empecé en infantil. Antes jugaba al futbol. Pero ya en juvenil tuvimos nuestros primeros grandes resultados, pues con Josep M. Sola de entrenador logramos ganar el Campeonato de Catalunya, ganando todos los partidos, incluso al Barça y la Penya en su casa. Fuimos a los Campeonatos de España, que se hicieron en Mataró, donde logramos ganar al Real Madrid, y en el último partido contra el Estudiantes los árbitros nos hicieron perder, y solo quedamos terceros. Era liguilla, y a mí, junto a un gran amigo como Carlos Farfán, nos dieron el premio como mejores jugadores del campeonato.

Éramos un equipo bajo, pero que presionábamos mucho y corríamos todo el partido, con jugadores como Albert Illa, y otros como Grabolosa, Bosch, Costilla... que en aquellas épocas y categorías hacían de nosotros un gran equipo, y sobre todo, porque éramos un gran grupo de amigos. Luego como juniors también seguimos yendo a los Campeonatos de España pero sin tanta suerte. Tuve la gran suerte de ser de la generación de Andrés Jiménez, Fernando Martín, Carlos Farfán, José Luis Subías, Félix de Pablo, Miquel Tarín, Lluís Ferrer, Jordi Freixenet, Jordi Villacampa y muchos más, todos de la “cosecha” del 62 y 63, y grandes entrenadores como Ninu Buscató y Miquel Nolis. Creo que esta fue de las mejores etapas que tuve porque disfrutábamos y nos divertíamos jugando a lo que más nos gustaba.

Luego como senior antepuse en mis prioridades: los estudios y trabajo, por lo que casi siempre estuve en Mataró, salvo un año el Canet, otro en Premia, en Primera B, y otro en Calella, que conseguimos el ascenso a Primera B, y volví a Mataró, donde también conseguimos el ascenso a Primera B. Pasamos unos buenos años, pues llenábamos el pabellón y había mucha afición.

En la temporada 88-89, el CE Mataró, con problemas económicos, tuvo que renunciar a la categoría de Primera B, y bajó hasta Primera Catalana. Por temas laborales seguí en Mataró, pero en octubre el Cacaolat Granollers me vino a buscar para cubrir la baja de Nando Heras, que se había lesionado. Me ficharon un buen amigo como Angel Palmi y un gran entrenador como Manel Comas. Creo que no debe haber muchos jugadores que hayan jugado en casi todas las categorías que había entonces, y menos el dar un salto como el mío, de Primera Catalana a ACB. Intenté aprovechar al máximo la oportunidad que me dieron, y vivir la experiencia de jugar al lado de enormes jugadores como Chichi Creus. Javi Mendiburu, Miguel Lete y americanos como Mike Philips o Tom Sheehey. Jugué un ratito contra el Barça de Solozábal, Epi, Norris… y el Madrid de Petrovic, en su cancha. Tengo anécdotas para mí imborrables, como la de intentar provocar una falta de ataque a Audie Norris, que yo creo que lo era, jeje, y que el árbitro me comentase si estaba loco de quedarme ahí delante de Audie. Con Petrovic estuve poco tiempo en la cancha, pero lo suficiente como para sacarle una falta intencionada por tratar de darme un codazo. Este tiempo que estuve en ACB es de lo mejor que me ha pasado y quizás fue la mejor clasificación del Cacaolat, pues quedamos sextos. Supongo que, como todos los que hemos jugado muchos años al baloncesto, sea en la categoría que sea, todos tenemos nuestras anécdotas, nuestras experiencias. Y sobre todo, un montón de amigos, que si bien en la cancha hacíamos de todo para ganar el partido, una vez finalizado éramos amigos. Lo compruebo que cuando nos encontramos y empezamos a contar batallitas de nuestra época. Esto creo que es lo mejor que nos puede dejar haber jugado tantos años al baloncesto.

Para definirme en la pista, si he de hacerlo yo, lo primero que diría es que con mi estatura, 1,80 justos, hacía lo que podía jugando de escolta, pero creo que era un jugador rápido, saltaba bastante, que salía bien al contraataque, y buen tirador, sobre todo cuando impusieron la línea de tres puntos. También creo que era buen defensor, y tenía la suerte que robaba bastantes balones, y tenía una particularidad: dejaba pasar al atacante con el balón, y lo perseguía por detrás hasta que se lo quitaba. Con esto, en los primeros entrenamientos que tuve con el Cacaolat, se miraban extrañados, pues no era nada habitual defender así en la máxima categoría. Al ver los resultados lo aceptaron. Pero también quiero confesar una cosa: cuando se lo intentaba hacer a Chichi Creus, era imposible pillarlo Qué rápido e inteligente era. Con él no lo hacía, pues la acababa metiendo y a mí me caía la bronca del ‘Sheriff’, jajaja.

Desde siempre tuve muy claro que el baloncesto seria mi ‘hobbie’, y que mi profesión sería de lo que viviría, pues la carrera de jugador tiene fecha de caducidad, más pronto o más tarde, y tenía que prepararme y formarme para tener un futuro digno. Como lo que me gustaba era el deporte, hice la carrera de INEF, y lo compaginé con jugar, y más tarde jugué y trabajé. En el Cacaolat Granollers tuve una oferta de trabajo del COOB ’92, la organización de los Juegos Olímpicos de Barcelona, y aunque Manel Comas me había comentado que le hubiera gustado que continuara, tenía muy claro que como gestor deportivo, la organización de unos Juegos Olímpicos era lo mejor que me podía ocurrir, aun a costa de poder seguir algún año más en la ACB, ya que la dedicación que ello comportaba me impedía compaginar ambas cosas.

La verdad es que visto ahora en perspectiva, creo que acerté de lleno en mi decisión, pues fue una gran experiencia. También me permitió seguir jugando en Mataró hasta el año 93, en Primera B. Volví al cabo de tres años en Segunda y ayudar al que en aquel momento era la UE Mataró a subir a la Liga EBA. Una vez finalizados los Juegos tuve la oportunidad de entrar como gerente de la Unió de Federacions Esportives de Catalunya, donde sigo actualmente después de más de 20 años. Por esto, la gente que me conoce un poco sabe que siempre digo que antes y ahora jugar a baloncesto es muy bonito (te forma, te educa, hace que conozcas a mucha gente, haces muchos amigos), pero se acaba, y no da para comer para toda la vida, al menos a la mayoría. Por esto es muy importante que se preparen para el día después de nuestra retirada como jugadores.