José Ramón Esmorís: ‘Bisagra’ pelirroja

José Ramón Esmorís: ‘Bisagra’ pelirroja
Leyma Coruña, último equipo a nivel profesional (Foto: Basketgalicia.com).

Javier Ortiz Pérez

Lo primero que hay que aclarar sobre José Ramón Esmorís es que su apellido se escribe así, con tilde: Esmorís. “Es así, pero yo mismo muchas veces lo escribo sin acento”, dice él mismo. Hasta hace un par de años ha estado en el baloncesto profesional este pelirrojo gallego de gran entrega sobre la pista. Un trabajador nato que se amoldó casi siempre al papel de complementario.

El hombre tuvo una curiosa forma de cerrar el círculo: debutó en ACB con 17 años en el extinto OAR Ferrol y terminó en la misma ciudad, en EBA, en el Recinor, con 38. “No lo pensé mucho, pero sí que fue así”, cuenta.

Sus orígenes en el baloncesto hay que buscarlos en Laracha, su pueblo natal. Había estado unos años viviendo en Carballo y cuando regresó, con 9 años, y se inscribió en el colegio le invitaron, a la vista de su altura, a dejar el fútbol y pasarse al deporte de la canasta. “Dije que ‘bueno’, porque tampoco tenía nada que perder”, recuerda.

Cuando empezó a destacar en categorías inferiores le fichó el OAR, que por entonces tenía un potente programa de captación de talentos en su zona de influencia. Tenía 14 años y poco después empezó a entrenar con el primer equipo, aquel de los Aller, Aldrey y demás. “Intenté resistir lo mejor posible el salto. Lo que me pedían era que me pegase, defender, bloquear, rebotear… Era el junior y tenía algunas tareas como tenerles lista el agua y demás, pero los veteranos siempre me trataron muy bien”, apunta.

Fue el inicio de una carrera no espectacular, pero sí bastante positiva, que tuvo varias paradas: Girona (94-97), Ourense (97-98), Gijón (98-2002, incluyendo el ascenso), Sevilla (2002-04) y Manresa (2004-05). En total 277 partidos en la máxima categoría en los que si bien no tuvo mucha participación (12 minutos, 3,5 puntos y 1,8 rebotes), siempre cumplió con lo encomendado.

“Estoy contento por lo vivido, por llegar adonde llegué. Cuando debuté tan joven quizás no me lo planteé tan en serio y algunas veces por culpa mía y otras por decisiones técnicas podía haber jugado más, haber tenido más protagonismo quizás”, comenta ahora en tono autocrítico. Era uno de esos jugadores ‘bisagra’ entre las posiciones de ‘3’ y ‘4’, aunque él confiesa haberse sentido más cómodo como interior, sobre todo en defensa. “En ataque podía hacerlo más o menos igual”, resume. Con esa magia invisible que tienen los zurdos, cada vez fue desarrollando un tiro exterior más fiable, aunque cierta lentitud no le ayudaba en el otro lado de la cancha.

Aparte del de Gijón, también vivió otro ascenso con el Bruesa de San Sebastián (2006). Y es que en la LEB también resultó importante en ‘grandes’ como el CAI Zaragoza (2004-05) o un Burgos que acababa de subir (2007-08). Su última experiencia a nivel profesional fue en Plata, en el Leyma Coruña, porque ese último año y medio de nuevo Ferrol su vida ya tiraba por otros derroteros.

¿Cuáles son? “Estoy preparando una oposición para bombero. Ya me he presentado una vez y me quemé, porque, aunque estés acostumbrado al ejercicio por tu vida de deportista, es totalmente distinto lo que se pide a nivel físico. No es lo mismo hacer series de 400 metros que estar con la pelota para arriba y para abajo. Ahora estoy esperando a que se convoquen otra vez”, cuenta desde A Coruña, su lugar de residencia, esta especie de ‘clon’ de Brian Scalabrine.