Marcus Norris: Un lustro en el Gran Canaria

Marcus Norris: Un lustro en el Gran Canaria
Jugando la Copa del 2007 en el Gran Canaria.

Javier Ortiz Pérez

Cinco buenas temporadas de Marcus Norris en el Herbalife Gran Canaria. Con elecciones como esta, el club de Las Palmas de Gran Canaria confirmó su buen tino con los comunitarios buenos, bonitos y baratos (Brian Clifford, Jim Moran, Jason Klein…). En este caso se trataba de un base norteamericano de pasaporte croata que dio un rendimiento más que notable, aunque su protagonismo en minutos en pista y en número de tiros que se permitía fue yendo cada vez a menos.

A Norris se lo sacaron de la manga, como suele decirse, en el 2005. Su carrera europea había transcurrido casi en el anonimato desde 1996 entre Finlandia, un desconocido equipo croata (KK Svjetlost Brod), el Portugal Telecom, el Bnei Hasharon israelí y el Kiev ucraniano. Cuando se vistió de amarillo por primera vez tenía 31 años, una madurez espléndida que demostró durante 181 partidos en la actualmente denominada Liga Endesa. En 22 minutos de promedio promedió 8,9 puntos y 2,8 asistencias.

También tuvo un breve momento LEB Oro con el Lleida en la 2011-12, aunque salió del club por los problemas económicos que arrastraba. Aún le daban las piernas para hacer 10,8 puntos en 25 minutos. Acabó aquella campaña en el Benfica, ganando la liga, y se retiró. Tenía 38 años ya, pero aparentaba que podía durar un poco más.

Si Gran Canaria guarda un gran recuerdo de él, en el otro sentido ocurre lo mismo. “El tiempo que pasé en España fue increíble. La isla es como mi segunda casa. El baloncesto fue bien, pero vivir allí resultó fantástico. Todas las relaciones que hice son para toda la vida. Recuerdo a todos mis amigos y a los seguidores de Las Palmas, que son los mejores y lo más locos de la liga. Todo son buenos recuerdos allí y no puedo esperar más. Tengo que ir y visitarles”, cuenta.

El pasado mes de marzo acb.com publicó otra entrevista con él con motivo de la despedida del ‘GranCa’ al Centro Insular de Deportes. En ella decía que “la afición amarilla es muy especial y siempre era nuestro sexto jugador (…). No importaba el rival ni la clasificación. Jugábamos en nuestra casa y salíamos casi sabiendo que nada nos pararía con nuestra afición”.

Ahora ha regresado a Estados Unidos y vive en Boston. ¿En qué consiste su nueva vida? Que nos lo diga él: “Ahora es todo diferente para mí. Entreno a un equipo de ‘high school’ de chicos y durante el verano organizo cursos para desarrollar los fundamentos de los chicos. Mi objetivo es alcanzar el siguiente nivel, ya sea como entrenador en la universidad o incluso a profesionales. Me encanta enseñar baloncesto y mantenerme cerca de un juego al que adoro”.