Rafa Vecina: Engañosa fragilidad

Rafa Vecina: Engañosa fragilidad
Jovencísimo en el Joventut.

Javier Ortiz Pérez

Sí, estaremos todos de acuerdo con que los físicos en el baloncesto actual no son los de antes, que ahora se exige más que hace unos años, sobre todo para jugar por dentro. Sin embargo, incluso para haber sido un jugador de los años 80 y 90, la aparente fragilidad de Rafa Vecina era llamativa. Era un pívot ni musculoso ni especialmente ágil que además tenía problemas en las rodillas… Pero era más listo que el hambre, tenía un talento y unos fundamentos descomunales y era muy competitivo. Gracias a eso pudo hacer una carrera bastante larga y exitosa, siendo además muy querido por los clubs (pocos, porque además fue muy fiel) por los que pasó.

Vecina es, claro, de Badalona, y allí ya se nace sabiendo jugar al baloncesto. O casi. De crío empezó en la cantera del Sant Josep y también en la del Barça, pero terminaría debutando en la ACB en el Joventut (estamos hablando de la temporada 84-85, con apenas 20 años). Había sido subcampeón del mundo juvenil. Sin embargo, como verdinegro no gozó de muchas oportunidades, siendo operado de una úlcera en el cartílago de la rodilla izquierda que le tuvo fuera de combate casi un año. Le llegaron a decir que no seguiría jugando.

Parecía que podía ‘quedarse en el camino’, pero Málaga apareció en su vida y se la cambió por completo. En 1986 se fue al Caja de Ronda, en Primera B, con el que ascendió. En Ciudad Jardín jugó seis años consecutivos, convirtiéndose en ídolo de la afición. Es alucinante la regularidad que acreditó: en las cinco temporadas ACB de las que hay datos, en cuatro de ellas promedió entre 14,9 y 14,2 puntos y entre 6,4 y 7,8 rebotes.

Tenía un estilo peculiar, sabiendo hacer de su debilidad una virtud. Muy ligero en cuanto a peso, superaba por rapidez a los pívots rivales y, aunque sufría en defensa, era lo suficientemente listo como para anticiparse en muchas ocasiones a lo que iba a suceder. Y, al contrario de lo que pueda pensarse de jugadores de sus características, no abusaba en absoluto del triple. Sí sacaba fuera a sus pares, pero resolvía con tiros de media distancia y penetraciones.

Se puso en primera fila de los interiores españoles de entonces, siendo reclamado para la selección, con la que disputaría 24 partidos, incluyendo el Europeo de Zagreb-89. Y en 1992 dio otro paso más fichando por el Estudiantes, consciente de que tenía los minutos y el protagonismo asegurados. Con John Pinone y Juan Antonio Orenga formó un trío muy poco ortodoxo, pero rentable. Especialmente llamativo era cuando se turnaban para intentar contener al madridista Arvydas Sabonis.

Exceptuando un paréntesis en Salamanca (1994-96), ya no conocería otra camiseta. Todo esto sin haber conseguido nunca sacudirse del todo problemas físicos contra los que todavía, hoy en día, está peleando. Totalizó 391 partidos ACB con 10,6 puntos y 5,6 rebotes en 28 minutos en cancha.

Tras su retirada en 1998, el baloncesto le reservaba todavía un momento glorioso. Cuando su amigo ‘Pepu’ Hernández se hizo cargo de la selección española le quiso a su lado como asistente, así es que puede decir a los cuatro vientos que es campeón del mundo. Claro, aquello de Japón-2006 también tuvo una escena terrible, durísima: fue quien pasó el trago de comunicarle al seleccionador, unas horas antes de la final ante Grecia, que su padre había fallecido. ‘Pepu’ y Vecina, que se habían conocido incluso antes de coincidir en el Estudiantes, trabajarían una vez más juntos en el DKV Joventut 2010-11.

Aunque en un momento de su vida en el que prefiere mantenerse en un segundo plano, podéis leer mucho de cómo piensa en un blog que escribió durante una época en Solobasket. Aquí están sus artículos archivados, la mayoría de ellos mezclando la sabiduría de quien ha pegado muchos tiros por esas pistas de Dios y un fino humor. Eso también lo aportó en su época como comentarista en TVE. También podéis seguirle en Twitter (@rafavecina). Una entrevista recomendable y bastante completa es esta en Spainsn.com.