Juan Miguel Navalón: Del ascenso a la escalada

Juan Miguel Navalón: Del ascenso a la escalada
Con el Lucentum Alicante.

Javier Ortiz Pérez

Juan Miguel Navalón vivió en carne propia algo con lo que sueña cualquier chico que juega al baloncesto: no solamente debutar en el equipo de su ciudad, Alicante, sino conseguir un ascenso a la máxima categoría (temporada 2000-01) y después disfrutarla en la pista, aunque no obtendría muchos minutos en los que sería su única campaña en la actual Liga Endesa.

Navalón era un escolta pequeño (1,85), pero también explosivo, con capacidad para anotar de distintas maneras. Tenía que buscar los minutos como ‘2’ en aquel Lucentum del ascenso en el que estaba un jovencísimo José Manuel Calderón como base.

Empezó, como tantos otros, en el colegio, jugando minibasket, y se incorporó al Lucentum, entonces patrocinado por Teka, en edad cadete. “No esperaba ni por asomo llegar a ACB, que nunca habíamos tenido en Alicante”, confiesa. Pero, peldaño a peldaño, sucedió. “Es el mejor recuerdo sin duda. Todo el ‘playoff’ final contra Lleida fue tan intenso… Algo que se te queda impregnado para siempre. No se podía ni andar por la calle porque todo el mundo te paraba, te deseaba suerte. Y en los partidos, el pabellón estaba lleno desde una hora y media antes”, añade.

Llegó entonces la temporada en ACB, la 2000-01, y Navalón pasó la mayor parte del tiempo en el banquillo en un equipo que perdía y perdía y finalmente bajó de categoría. “Pasó todo muy rápido. Las sensaciones de jugar contra los ‘grandes’ fueron buenos, pero el desenlace te deja un poco chafado”, recuerda. Confiesa que a nivel personal solamente se sintió cómodo en los últimos partidos de la temporada, cuando tuvo más tiempo en pista de la mano de José Luis Oliete. “Me dijo en el primer entrenamiento: ‘oye, tú estás para jugar, ¿no?’ y le respondí que claro que sí”, comenta, sonriéndose. 10 minutos y 2,8 puntos fue su balance estadístico, pero en los últimos cinco encuentros esos números casi se triplicaron.

Según reitera Navalón, “Oliete fue el entrenador que más confió en mí”, y la demostración fue que la siguiente temporada se lo llevó al Drac Inca, en la LEB, donde firmó 10,5 puntos en 27 minutos. Hasta el 2010 estaría en distintas categorías federativas: LEB Oro, Plata, la extinta Bronce, la EBA… siempre en el este español excepto un año en la La Palma. Por cierto que vivió otro alegrón de subir a Oro con el Calpe en el 2004.

¿Y ahora? “Cometí el error de dejar a un lado los estudios, y mira que mis padres me insistieron que no lo hiciera, pero metido en el baloncesto a veces se te hace complicado. Me vine a vivir a Murcia con mi mujer y saqué un título de técnico deportivo y trabajo con una empresa. Estoy sobre todo especializado en deportes de escalada, que es algo que me encanta”, apostilla.