Edgar León: Buen sustituto en el Maristas

Edgar León: Buen sustituto en el Maristas
Con la selección puertorriqueña (Foto: El Nuevo Día).

Javier Ortiz Pérez

Edgar León tuvo un buen papel en el Mayoral Maristas de la temporada 90-91. Internacional puertorriqueño, entró por Melvin Johnson iniciada la campaña y, aunque al principio le costó un poco la adaptación, luego cumplió con creces, al menos a nivel numérico (20,2 puntos y 8,1 rebotes). La temporada siguiente continuaría en España, pero no en ACB, sino en Primera B, pero no concluyó la temporada en el CB Canarias.

Nacido en Santurce (no confundir con la localidad vasca, eh), fue un jugador de enorme prestigio en su país, en cuya liga debutó con apenas 18 años con el Deportivo Fajardo, su club de siempre. Como algunos de sus compatriotas, completó su formación en Estados Unidos, en Georgia Southwestern (Division II), pero no llegaría a jugar en la NBA. En 1986 tuvo su primer contacto con Málaga, ya que a su selección disputó algunos partidos del Mundial en la ciudad andaluza.

Regresaría para jugar con el equipo de Javier Imbroda a finales de 1990. En una entrevista en Nuevo Basket comentaba entonces que “yo ya era consciente de la responsabilidad que caía sobre mis espaldas y de la presión que se cernía sobre mí, pero por encima de todo llegaba dispuesto a triunfar, seguro de conseguirlo a poco que confiaran en mí y me dieran el tiempo de adaptación necesario. Fue un reto que tenía que aceptar y acepté. Me habían dicho que Mayoral es un equipo que siempre ha dependido de la aportación de sus americanos y eso, en un equipo joven, es lógico: el trabajo de los extranjeros es fundamental”.

Al principio vivió algunas críticas: “Reconozco que empecé mal y que físicamente no estaba bien, pero me propuse trabajar al cien por cien con la buena planificación a realizar. Al principio sentí cierta frustración porque creía ver cosas raras. Entonces decidí hablar con Javier y le deije que yo creo ser un buen jugador, que triunfó en Puerto Rico y en Estados Unidos, y que no podía creer que nadie hablara mal de mí sin apenas conocerme”.

En la entrevista también daba alguna pincelada filosófico-deportiva: “Mi papel creo que es bueno desde el punto que, además, motiva a los compañeros. Este factor psicológico en la cancha es bueno, pues los jóvenes se deben fijar en la experiecia de quien la posee. Creo que el baloncesto es un reflejo de la vida y en ésta los jóvenes siempre han de aprender de los viejos, los hijos de los padres… Un equipo ha de ser como una familia”.

Tras dejar España con la fallida experiencia en La Laguna, su carrera se prolongó hasta bien entrada la treintena, sobre todo en Argentina, Venezuela y su propio país. Se retiró y desde entonces no ha estado muy vinculado al basket… más allá de una cuestión curiosa. En 2009 se publicó que era jefe de seguridad en los partidos de los Gigantes de Carolina. “Estoy a gusto viendo los juegos (los partidos). Además me encuentro con viejos amigos que se alegran y yo me alegro de verlos nuevamente. Y sí, muchos jóvenes no saben quién soy, pero me miran raro como preguntándose quién es este”, decía entonces.