Michael Ruffin: Más rebotes que puntos

Michael Ruffin: Más rebotes que puntos
En Lleida en 2003.

Javier Ortiz Pérez

Michael Ruffin es un tipo de ‘jugador freak’ que siempre ha llamado la atención, al menos a mí. Aunque oficialmente se le da 2,03 de estatura, no creo que llegase a los dos metros, pero ha sido uno de los mejores reboteadores y taponeadores que hayamos visto últimamente por aquí. En ataque no valía para prácticamente nada para más allá que meter para abajo algún rebote ofensivo que capturaba, y su mecánica de lanzar tiros libres era ciertamente sonrojante, pero en todo lo demás era un ciclón. Actividad pura y heterodoxia.

Estudió ingeniería química en Tulsa y fue elegido con el número 32 por Chicago Bulls en 1999. Michael Jordan había emprendido su segunda retirada y no era aquel el mejor sitio para ganar, pero sí para buscar minutos. Los obtuvo sus dos primeras temporadas como profesional y estaba claro a lo que estaba destinado: 2,2 puntos y 3,5 rebotes en la primera y 2,6 y 5,8 en la segunda. Estaría siete campañas más entre Philadelphia, Utah, Milwaukee y Portland, pero nunca superaría esos dígitos, aunque le dio para sumar 414 partidos en la NBA, con más del doble de rebotes (3,9) que de puntos (1,7).

Entre medias (finales de la temporada 2001-02 y la 2002-03 entera) vivió una única experiencia europea: en el Caprabo Lleida. Con mucho tiempo en pista hay que imaginar en lo que se convirtió el hombre. Presencié un partido increíble contra Cáceresen el que se acercó al triple doble de la manera más inesperada: 6 puntos, 10 rebotes y 9 tapones. Es un ejemplo claro de que en ese año y medio hizo realmente bien su trabajo y el Lleida, que por entonces tenía muchos jugadores de talento orientados al ataque, funcionó bastante bien con él como protagonista oscuro (excepto un día que le clavó 20 puntos al Joventut). Eso le volvió a abrir las puertas de la NBA.

Volvió a España unos cuantos después, en la 2009-10, como sustituto temporal de Brian Cusworth en Manresa. Seguía siendo el mismo jugador, aunque ya con unos años encima y algo menos explosivo. No renovó su compromiso, sumando ocho partidos ACB que dejaron la cifra en 66 (5,6 puntos, 7,6 rebotes y 1,9 tapones en 26 minutos).

Ocurrió entonces algo bastante curioso: al inicio de la temporada 2010-11 entró en el cuerpo técnico de los Colorado Kings, de la ABA, dejando aparentemente las pistas. Sin embargo, a los pocos meses recibió la llamada del Obradoiro, que le buscaba sustituto a Maceo Baston, así es que voló a Santiago para jugar por última vez con su habitual registro (2,7 puntos y 4,6 rebotes en 16 minutos). El equipo logró el objetivo de ascender.

Su paso por la capital gallega es glosado de forma excelente en el blog El Obra tiene historia, incluso con algunas declaraciones específicas suyas: “Llegué recuperándome de una operación de rodilla y acabé celebrando un campeonato; Moncho Fernández fue un apoyo y nos llevó a ser el mejor equipo que podíamos ser (…). Mi hija ha estado pidiéndome que volvamos a visitar Santiago para ver a los amigos que ella hizo; nos encantó nuestra estancia allí”.

Últimamente ha vuelto a ser noticia relacionado con los banquillos: ha sido nombrado por los New Orleans Pelicans director de desarrollo de jugadores. Al parecer, es muy buen tipo, familiar (tiene siete hijos) y muy generoso (como en la pista), realizando muchas obras de caridad.