Mirko Milisevic: Clase balcánica en Pucela

Mirko Milisevic: Clase balcánica en Pucela
En el AEK Atenas.

Javier Ortiz Pérez

Diez partidos jugó Mirko Milisevic en el Grupo Libro Valladolid (denominación del equipo pucelano en la temporada 1992-93). Fue algo así como una prueba: el club había cortado a LeRon Ellis, cuyo rendimiento había ido de más a menos, y confió en este yugoslavo ya curtido (27 años) con fama de buen jugador ofensivo. No tuvo inconveniente en ser sometido a prueba.

En esa parte del ataque cumplió (15,8 puntos por partido), pero no tanto a nivel del rebote (6,9) y la defensa en los 28 minutos en pista que promedió. Así se que cuando, a los dos meses, surgió la posibilidad de fichar a un seguro de vida como Dyron Nix, Milisevic tuvo que marcharse.

Aun así, guarda un recuerdo positivo de aquel tiempo, frío en cuanto a la climatología pero caliente en cuanto a lo que percibió del público. “Fue una buena experiencia. Todos los patidos ante 6.000, 7.000, 8.000 espectadores, mucha gente animando”, apunta ahora. “Reconozco que como jugador mi fortaleza sobre todo estaba en ataque. La defensa no era tan buena, la verdad”, añade. Eso sí, recuerda con cariño el pulso que tuvo con Arvydas Sabonis, al que dejó en 9 puntos, mientras que él anotó 27. Eso sí, el Real Madrid ganó por poco en Pisuerga (74-79).

Como tantos otros compatriotas, vivió con dramatismo la desmembración de su país tal y como lo conocía. Nacido en Novi Sad, su trayectoria en la extinta Yugoslavia transcurrió entre Serbia (Estrella Roja) y Croacia (Cibona). Por cierto que con el equipo de Zagreb le hizo (otra vez) al Real Madrid 34 puntos en la semifinal de la Recopa del 88 (sí, aquella que acabó con los 62 puntos en la final de Drazen Petrovic).

A Valladolid llegó procedente del Hapoel de Jerusalem. Después apuró su carrera al máxima, primero en Italia, luego en Grecia y sobre todo en Turquía. Consiguió el pasaporte otomano y, bajo la denominación de Muhammet Omar, estuvo jugando allí hasta los 37 años nada menos.

En la actualidad vive en Maribor (Eslovenia). Es agente de jugadores de fútbol y baloncesto y posee la clásica habilidad de casi todos los balcánicos para los idiomas. “Hablo nueve lenguas”, asegura. No hay que olvidar su nombre de cara a negociaciones futuras, ya que entre sus representados está Luka Doncic, la estrella adolescente de las categorías inferiores del Real Madrid sobre el que todos auguran un enorme futuro. También lleva a Jurij Macura, otro jovencito esloveno que promete mucho en el Laboral Kutxa. Él también tiene talento en casa: su hijo juega en la U16 de Turquía con el nombre de Yasukar Omar (2,06 por ahora, a tres, por ahora, de Mirko).