Fernando Martín: ‘Su década’, 25 años después

Fernando Martín: ‘Su década’, 25 años después
En el Estudiantes.

Javier Ortiz Pérez

Hoy se cumplen 25 años del fallecimiento de Fernando Martín en accidente de tráfico. Su leyenda y su bagaje han sido glosadas en innumerables ocasiones. En términos redondos, fue una década de estar en primera línea, contra viento y marea, abriendo caminos, enganchando a un país al baloncesto. Este es su ‘año a año’ desde 1980, cuando se empezó a hacer conocido.

1980-1981. Cada vez se habla más de un chico que ha empezado en esto del baloncesto hace poco, con quince años. El joven Fernando Martín, hijo de Ricardo Martín y Carmen Espina, había demostrado ser un deportista total en su adolescencia. Se manejaba con las artes marciales, con el balonmano y hasta en la natación. Pero termina eligiendo el baloncesto y qué mejor sitio que el Estudiantes para perfeccionar sus crecientes habilidades, aunque todavía no lleva el ‘10’ que caracterizaría su carrera, sino el ‘9’. Con apenas 18 años, Chus Codina no tiene más remedio que incluirle en el cinco inicial del primer equipo. A aquella bestia, rodeada por Vicente Gil, Alfonso del Corral, ‘Slab’ Jones, Javi Izquierdo, ‘Charly’ López Rodríguez y Juanfran Garrido, no había quien la parase. El resultado es el sorprendente subcampeonato liguero… y que su teléfono no deje de sonar, claro.

1981-82. Había que ficharle como fuera. El Barcelona no tuvo inconveniente en hacerle una gran oferta, pero parece que estuvo mucho más cerca de ficharle el Joventut, que le garantizaba minutos en pista. Manel Comas lo contaba cada vez que podía: “Le tenía, le tenía”. Pero al final se le escapó. Pesó más el estímulo de reflotar el Real Madrid, que la anterior temporada había sido tercero, y quedarse en la capital. Martín era un ‘barrio bien’, en el norte de la ciudad, y prefirió quedarse. Los minutos ya se los ganaría él, pleno como siempre de confianza, pese a la competencia de dos jugadores más consolidados como Rafa Rullán y Fernando Romay. Los resultados no se hicieron esperar y el club blanco recuperó el título nacional, aunque quedó la espina de la Copa de Europa y también la derrota en la final de la Copa del Rey en Badajoz ante el Barcelona (110-108).

1982-83. A esas alturas Fernando Martín es ya el mejor pívot de España, y eso que apenas tiene 20 años. Su mezcla de fuerza y técnica es difícilmente parable, incluso por los mejores extranjeros de la competición. El verano del 82 transcurrió emocionante con el viaje a Colombia con la selección española y el cuarto puesto. Pero de aquel Mundial se acordará sobre todo de la victoria en la primera fase ante los universitarios de Estados Unidos y el hecho de que por primera vez se preguntase a sí mismo si podía jugar ante los mejores en la NBA. Ya había rechazado alguna oferta de universidades americanas porque lo que él quería era competir. La temporada en su club no transcurre muy bien: el Madrid se queda sin títulos y especialmente doloroso resulta perder la liga con un palmeo en el último segundo del barcelonista Luis Miguel Santillana.

1983-84. La selección engrandece más todavía la imagen de FM10 ante la opinión pública: fue el bastión interior para la plata conseguida en el Eurobasket de Nantes-83. El madridismo le adopta definitivamente como ídolo en contraposición con la figura del barcelonista Epi. Un país cada vez más pendiente del baloncesto se ‘divide’ en sus preferencias, pero ambas leyendas siempre tendrán una buena relación, pese las batallas que libran con sus clubs. La polémica resolución de la Liga 83-84, la primera bajo el amparo de la ACB y con ‘playoffs’, tampoco logra enemistarles. En el segundo partido de la final, Fernando Martín interviene en la pelea entre Mike Davis y Juanma López Iturriaga, pero no es sancionado, y en protesta por ello el Barça no se presenta al tercero y definitivo, por lo que pierde la opción de ganar el título. Pero hay que olvidar esos roces: espera Los Angeles.

1984-85. España consigue en París una brillante clasificación para los Juegos Olímpicos y, aunque juega casi ‘de memoria’, Fernando y Epi siguen siendo los mejores. Lo mismo sucedió en Los Angeles con la medalla de plata, solo superados por el equipo de Michael Jordan, Pat Ewing y compañía. Ver que, pese a todo, compitió de ‘tú a tú’ con jóvenes que entrarían en puestos altos del ‘draft’ como Sam Perkins confirma a nuestro hombre la idea de que tiene que probar en la NBA. Antes de intentar dar el salto hay que seguir dominando en España: el Madrid se lleva la Liga y la Copa del Rey, esta última en la fase disputada en Barcelona, con el ‘eterno rival’ ni siquiera pudiendo acceder a la final. En noviembre de 1984 nace su único hijo, Jan. Sin embargo, la temporada también contiene una terrible frustración: perder la final de la Copa de Europa ante la Cibona de Drazen Petrovic.

1985-86. El verano de 1985 es ‘caliente’: decide presentarse al ‘draft’ y es elegido con el número 38 por los New Jersey Nets, que le invitan a su campus de verano para intentar ganarse un sitio. En principio parece que consigue hacerlo, pero finalmente se echa atrás, en parte porque si fichaba en la NBA no podría volver a jugar por España porque entonces, en una norma anacrónica, los internacionales no podían serlo si habían sido ‘profesionales’, como únicamente se consideraba a los miembros de la liga norteamericana. El Mundial de 1986 estaba cerca (la selección había fracasado en el Eurobasket) y decide aplazar el ‘salto’ un año, que aprovecha para firmar sus mejores números en el Real Madrid (23,3 puntos, 6,9 rebotes) y apuntarse otro doblete nacional, aunque también otra eliminación europea con Petrovic como protagonista.

1986-87. El gran momento, olvidando rápidamente un quinto puesto en el Mundial que resultó insuficiente. Hasta entonces solamente un jugador europeo no formado en Estados Unidos había conseguido jugar en la NBA, el búlgaro Giorgi Glouchkov (Phoenix Suns). La elección de los Nets fue invalidada y Portland Trail Blazers invitó a Fernando Martín (que a esas alturas ya tenía un videojuego con su nombre impulsado por Dinamic) a su campus veraniego como agente libre. Le dio un puesto fijo en la plantilla, aunque aquellos tiempos no son los de ahora y dispuso de muy pocas oportunidades de parte de Mike Schuler, un entrenador debutante que sí estuvo reforzado por los resultados. Solo le pone en pista 146 minutos en toda la temporada (24 partidos), totalizando 22 puntos y 28 rebotes. La dudosa explicación es que no tenía físico para jugar como ‘4’ ni rapidez para hacerlo como ‘3’. El banquillo y la soledad de una ciudad de un clima áspero abrasan a Fernando Martín, que, pese a que el club quería que se quedase, decide romper su contrato y volver a Madrid. Pero él ya había hecho historia. Pasarían 15 años hasta que un chico llamado Pau Gasol pisase los mismos territorios.

1987-88. Algo ha cambiado en el baloncesto español en su año de ausencia: el Barcelona ha cogido la hegemonía y tardará años en dejarla. Fernando Martín tiene que conformarse con la Copa Korac de aquella temporada ganada a Drazen Petrovic, que ya se sabe que será su compañero la siguiente campaña. Lo que no varió fue su productividad (22 puntos, 7 rebotes). Aunque su falta de entendimiento con Antonio Díaz Miguel es notoria, alberga esperanzas de regresar a la selección porque la FIBA está reconsiderando la prohibición a los antiguos ‘profesionales’. Es también la temporada en la que se enfrenta por primera vez a quien será su gran ‘némesis’ durante la etapa final de su carrera: el barcelonista Audie Norris, con el que siempre mantendrá, pese a los duros duelos en la cancha, una noble amistad. La lucha de ambos en el poste bajo durante la final de la Copa en Valladolid, resuelta por un triple final de Nacho Solozábal, ha quedado como una imagen icónica de la competición.

1988-89. La tremenda conjunción que suponían Fernando Martín y Drazen Petrovic juntos da frutos de inmediato con la Copa del Rey en Galicia. Sin embargo, durante toda la temporada surgen rumores de que el español no está contento con la tremenda cantidad de tiros que absorbe el yugoslavo. Martín siempre lo niega y dice que le encanta tener a un jugador de tanta calidad como ‘el genio de Sibenik’ a su lado. El Madrid gana el último título de FM10: la Recopa de Europa en Atenas ante el Snaidero de Caserta. Pero en los días posteriores se habla más de los 62 puntos de Petrovic y de que Martín estuvo muy silencioso en el vuelo de regreso. En un polémico quinto partido en el Palau, los blancos ceden la Liga ante el Barcelona y nuestro protagonista, que había jugado mermado físicamente, acaba muy cabreado en el banquillo. Hombre de fortísimo carácter, si había algo que no le gustaba era perder.

1989-90. La temporada empieza bien: la FIBA anuncia que los ex NBA pueden volver a jugar con sus selecciones. Sin embargo, Martín no acude a unos partidos del Preeuropeo por lesión. Algunos problemas físicos le atormentan durante esos meses, en los que vuelve a tener el liderazgo absoluto en el Madrid tras la marcha de Drazen Petrovic precisamente a Portland. Sin saberlo, el 29 de octubre de 1989 juega el último partido de su vida, una derrota en la pista del Caja de Ronda (80-73) en la que él termina eliminado por faltas tras una quinta que fue antideportiva a Pepe Palacios. A partir de entonces, la espalda no le deja jugar, aunque sigue cerca del equipo y observa con alegría que su hermano Antonio se ha convertido en un jugador de primer nivel. El 3 de diciembre a las 15.00 horas aproximadamente, mientras que va por la M-30 camino del Palacio de los Deportes para ver el Real Madrid-CAI Zaragoza, su vehículo, un Lancia Thema, traspasa la mediana por exceso de velocidad y choca contra otro coche que venían en dirección contraria. Su muerte es casi instantánea. Ya era un mito entonces y este cuarto de siglo no ha hecho más que engrandecerlo.