Art Housey: Culto a las pesas

Art Housey: Culto a las pesas
En Ron Negrita Joventut 85-86 (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Puede decirse sin temor a equivocarse que Art Housey fue un jugador adelantado a su tiempo. O al menos en España no solíamos ver a jugadores así en los años 80, ni siquiera norteamericanos: obseso de la preparación física, musculoso pero no hinchado, pura fibra al servicio del equipo. Las fotos de la época (un reportaje en ‘Gigantes del Basket’ en el no tuvo inconveniente en posar sin camiseta ante la cámara de José Luis García Surrallés) causan impacto.

No era excesivamente fino de cara al aro más allá de un tiro a tabla a 2-3 metros, pero su cuerpo hacía todo lo demás (por si fuera poco, medía 2,08), con una gran dedicación al rebote y al tapón. Pese a ser importante en la Universidad de Kansas y obtener un puesto 47 en el ‘draft’ de 1981 por Dallas Mavericks, no llegó a jugar nunca en la NBA, desarrollando su carrera entre Italia, Israel y, sobre todo España. Su primer equipo aquí fue el Joventut antes de que iniciase la ‘era ACB’, dejando tan buen recuerdo que regresó en la 85-86. Fue entonces cuando ‘Arturo’, como se le llamaba en Badalona, vivió el episodio más espectacular como verdinegro.

Hace unos años, en un ‘mini serial’ en acb.com sobre momentos sorprendentes en la historia de la Copa del Rey, ya lo rescaté: su decisiva actuación frente al Barcelona en la semifinal jugada en el Palau Blaugranasu decisiva actuación frente al Barcelona en la semifinal jugada en el Palau Blaugrana. Fue aquel un partido tremendo, simplemente a juzgar por el resultado: 115-120, tras prórroga. El tipo no se sentó ni un minuto de los 45 y alcanzó los 25 puntos y 9 rebotes, martirizando a los pívots azulgranas.

En las dos siguientes temporadas estuvo en el Breogán y el TDK Manresa, siempre cumplidor en lo que se le daba bien e incluso más aportación ofensiva. En total fueron 96 partidos ACB con 18 puntos y 8,9 rebotes de promedio en 37 minutos. Todo esto cuando, al parecer, tenía un problema en la vista.

A partir de 1988, cuando terminó en Manresa, no consta que jugase en ningún equipo más. Tenía solo 30 años y lo más probable, por lo que he podido rascar en un sitio y en otro, es que regresase a su país para entrar en la Guardia Nacional, aunque ponedlo un poco en ‘cuarentena’ porque no he podido confirmarlo al cien por cien.

A falta de poder localizarle actualmente, dejo algunas frases del famoso reportaje en ‘Gigantes del Basket’ en las que habla sobre su afición al gimnasio: “Siempre hago pesas o voy a correr por ahí. Siempre, durante los doce meses del año. Las pesas me gustan, sirven para todo (…). No importa hasta cuánto he llegado a levantar. No sólo se trata de eso. Las pesas sirven para todo. Para conseguir salto, rapidez, resistencia, todo, todo se consigue con las pesas”.

Por cierto que es curioso que Miguel Panadés, el autor de la entrevista (no lo pasó muy bien en ella, por lo que cuenta), le preguntase por la NBA y él dijese que él ya había jugado allí, cuando no es cierto (a no ser algún amistoso de pretemporada). También se le cuestionaba sobre si podría haber españoles en la mejor liga del mundo: “Si para los americanos es difícil entrar en un equipo profesional, imagínate para los españoles. Es muy difícil”.

Y un último mensaje ‘filosófico’: “Para mí la vida es como cruzar la calle. Si el semáforo está en verde, la cruzo y si no, espero tranquilamente a que cambie. ¿Por qué me voy a preocupar de nada más?”.