Nacho Pérez: Disfrutar del basket

Nacho Pérez: Disfrutar del basket
En Badajoz (Foto: El Periódico Extremadura).

Javier Ortiz Pérez

Turno para Nacho Pérez, alero santanderino que debutó en la 97-98 con el Forum Valladolid y volvería a pisar pista ACB en el Cantabria Lobos 99-2000. Sin duda, uno de los mejores relatos de jugadores en primera persona de los que hemos traído aquí. Está escrito con una enorme sensibilidad y al mismo tiempo claridad. Disfruten.

“Cero puntos, un rebote ofensivo, cuatro personales en contra y una a favor en cuatro partidos –estadísticas oficiales-- no constituyen una hoja de servicios como para pasar a la gran historia de la Liga Endesa. En realidad, esos números abisales apenas darían para una nota a pie de página. Sin embargo, estos números son míos –y lo digo incluso con cierto orgullo-- y, desde luego, no reflejan la importancia que el baloncesto ha tenido, y sigue teniendo, en mi vida.

Lo que empezó como un juego de niños en el patio del colegio La Salle de Santander, se convirtió durante unos años en un modo de vida. Con 16 años, alguien debió ver que yo era algo más que un adolescente más alto que la media y me ofreció marchar a Valladolid, a entrenar en el Fórum Filatélico. La decisión, una especie de terremoto familiar, se tomó con cierta rapidez, pero con una condición: los estudios seguirían siendo lo primero.

Era 1994, y en Cantabria, pese a una afición al basket no desdeñable, nunca había habido baloncesto ACB. Para alguien que como yo nunca había asistido a un partido en directo, aquello impresionaba. De repente podía ver jugar a Villacampa, Epi, Sabonis… Recuerdo lo mucho que me impactó la garra de Lalo García, todo un ídolo para la afición. Por si fuera poco, a diario te cruzabas con Oscar Schmidt por los pasillos del pabellón Pisuerga. ¡Y encima te saludaba!

Durante aquellos años, doblaba entrenamientos. Por la mañana con el primer equipo y por las tardes con el filial de liga EBA. Y todo ello compaginándolo con unos estudios de Magisterio. Los primeros entrenamientos con el primer equipo, las primeras veces que me senté en el banquillo en un partido, estar convocado para la Copa del Rey que se disputó en Valladolid o el debut en un partido de ACB fueron momentos que viví con la máxima ilusión. Entretanto, mis padres –presencia fundamental-- acumulaban kilómetros con un Opel Corsa entre Santander y Valladolid.

Aquellos años en Valladolid me dejaron grandes recuerdos, grandes vivencias, y por supuesto, grandes amigos. Tuve la fortuna de que se cruzara en mi camino Roberto González, un extraordinario entrenador y un ejemplo y referente en lo personal.

Tras la dura pero inolvidable etapa pucelana, viví una experiencia un tanto agridulce en el equipo de mi tierra, el Cantabria Lobos, donde intenté dar ese tan difícil paso a la élite. Tras casi tres temporadas entrenando a diario con equipos ACB, el ascenso de Dani García como entrenador al primer equipo, llevo consigo el que me hicieran ficha profesional y aunque fueron solamente unos meses, por fin me sentí jugador de la liga de pleno derecho y partícipe de que el equipo lograra la salvación. Por desgracia, cuando pensé que ya lo había conseguido, el equipo perdió su plaza en los despachos, y me vi obligado a salir de la liga para ya no volver.

A continuación unos años jugando en competiciones FEB (siempre en Extremadura, donde me sentí como en casa), las dos primeras temporadas intentando volver a Cantabria, algo que no conseguí y después ya de una manera más relajada haciéndolo compatible con mis estudios de Fisioterapia. Como jugador creo que era bastante completo que hacía un poco de todo, que entendía el juego, pero que tampoco destacaba especialmente en nada. Tiraba bien pero no era un tirador, reboteaba, defendía, pasaba, jugaba al poste, algo así como Mumbrú, pero de esta galaxia. Físicamente no era un desastre pero tampoco un portento. Además quizás me faltaba un poco de agresividad, de competitividad y de fortaleza mental. Con el tiempo y poniendo distancia, uno es más consciente de cuáles eran sus virtudes y también sus limitaciones.

Tengo que acordarme de todos los entrenadores que tuve a lo largo de esos años (Roberto González, Joaquín Romano, Dani García, Porfirio Fisac, Chiqui Barros, Piti Hurtado, Jorge Santos y Jesús Gutiérrez) Todos me dieron un papel muy importante en sus equipos y muchos me demostraron que confiaban más en mi como jugador de lo que yo mismo lo hacía.

En la actualidad y desde hace ya unos años me dedico a la fisioterapia y a la osteopatía. Tuve la suerte de trabajar durante cinco temporadas en el Racing de Santander de la mano del Dr. Ceballos y el Dr. Mantecón y conocer desde dentro un deporte muy distinto al nuestro, pero también muy particular. En la actualidad he iniciado una nueva etapa personal y profesional en Madrid, formando parte del equipo de ‘Espacio Físico’, un centro de salud y bienestar personal y al que os invito a acercaros.

Si el baloncesto me hizo vivir una experiencia única para un adolescente y se convirtió en el eje de mi juventud, la pasión por este deporte no ha disminuido, incluso raya el frikismo. El baloncesto es la excusa perfecta para reunirme con amigos desperdigados por medio mundo. Nuestras charlas, e incluso discusiones, sobre baloncesto pueden durar horas y nuestro siguiente objetivo es presenciar un partido de la NBA en directo. Además, mato el gusanillo del basket comentando la actualidad de nuestro deporte en Mass Radio, una cadena local de Cantabria”.