Pablo Elizalde: Rápido aprendizaje

Pablo Elizalde:  Rápido aprendizaje
Cromo con el Villalba 84-85.

Javier Ortiz Pérez

Estupendo el relato que nos regala sobre su carrera y vida actual Pablo Elizalde, que jugó en la máxima categoría en las dos primeras temporadas de la ‘era ACB’, 83-84 y 84-85, con el Cajamadrid y el Collado Villalba. Os dejo con él porque no tiene desperdicio, tanto la forma como el fondo.

“Mis comienzos con el baloncesto fueron algo atípicos. Siendo niño jugaba con mi hermano mayor en la sierra. Nuestro padre hizo una canasta en una herrería, la colgamos de una rama de árbol a la altura reglamentaria y empezar a tirar. Recuerdo el balón amarillo de la marca Caplan. Nunca jugué competiciones escolares, ni categorías inferiores. Directamente en senior.

Mis inicios más serios con el basket comenzaron en la universidad (CEU) en 1978. Un jugador de entonces, Enrique Suárez, me comentó la posibilidad de aprender con el equipo universitario del CEU, donde yo estudiaba 2º de Derecho. Y esos fueron mis comienzos. Aprendiendo con los hermanos Beltrán (el ‘Patas’ y ‘Patitas’), con Fernando Ruiz Paz (‘El Niño’), Luis Paz, Javier del Corral… Esos primeros meses de baloncesto universitario me engancharon totalmente y empecé a darle fuerte.

Al año siguiente, 79-80, Enrique buscó un patrocinador y creó un equipo para jugar en Tercera División. Era el Marlboro, entrenado por Fernando Alarcón. Por aquel entonces, entrenaba dos días con Estudiantes junior (Juanfran Garrido --q.e.p.d--, Pepe Ortiz y un tal Fernando Martin entre otros) y los otros tres días con mi equipo. Machaques físicos y sobre todo de fundamentos con Fernando Alarcón (un crack de entrenador) y Enrique.

En 1982, tras pasar el año anterior en el CB Abula (Ávila) en Segunda División, entrenado por Javier Perera (otro gran entrenador) recalé en el Cajamadrid, en Primera B. Nuevas emociones, nuevas experiencias, mucho nivel. “Manoleti” De la Nuez, Carlos Herreras, Paco Garza, Manolo Zorrilla, Bernáldez, Tomás González, “Bubu”… Menudos recuerdos, qué gente tan fantástica. Ese año fuimos campeones de Primera B y por tanto con plaza para ascender.

En el debut del Cajamadrid en la máxima categoría era el único superviviente del equipo que logró el ascenso. Una remodelación total, con incorporaciones tales como Wayne Brabender (el Gran Capitán), Beirán, Nino Morales, Fermosel, hermanos Llorente, Alfonso Del Corral… menudo equipazo. Eso sí, si todos ellos eran buenísimos jugadores, esto no era nada comparado con su calidad humana. Un sueño hecho realidad. Cuando empecé me propuse poder jugar en Primera y lo conseguí. Tuve muchísima suerte.

De entre las innumerables experiencias vividas, una que recuerdo increible fue que jugamos un amistoso contra la entonces selección de la URSS. El seleccionador, Gomelski, al inicio de la segunda parte decidió poner “algo de altura” a su quinteto y alineó simultáneamente a Thachenko (2,22m), Belosteny (2,15), un tal Sabonis (2,16m), Mishkin (2,08m) y Valters (1,98m). Te sentías enano ante tanto gigante. Impresionante ver a Sabonis correr un contraataque como un escolta, y el rebote cogerlo muy muy arriba y machacar a una mano en carrera. ¡¡¡Ufff!!!

Pasado mi primer año en ACB, dejé Cajamadrid y jugué la siguiente temporada en el Collado Villalba, del que se acaban de conmemorar los 25 años de nuestro debut en ACB. Quería jugar más minutos y se me brindaba la oportunidad. Éramos un equipo muy modesto pero con una gran ilusión. “Manoleti” De la Nuez, Javier Izquierdo, Chema Fernández, Marrero, Goenechea… y Orenga. A nivel deportivo lo pasamos muy mal, perdimos el ‘playoff’ de permanencia ante el Cajamadrid.

A nivel profesional fue mi última temporada. Había terminado mi carrera universitaria, iba a comenzar un master y había planes de boda. Demasiadas cosas para compaginar, así que opté por la retirada, aunque seguí jugando en equipos de divisiones inferiores, no tan exigente la dedicación como la ACB. Caja Rioja, Dribling y Puertas Dintel fue donde jugué una vez dejada la élite. Me permitía compaginar vida laboral y familiar.

Recuerdo cuando jugaba en Puertas Dintel un amistoso contra la Cibona de Zagreb. Un tal Drazen Petrovic jugaba en ese equipo junto con Alexander Petrovic, Nakic, Cutura, etc. Aun ganando ellos de 20, Drazen seguía erre que erre machacando, empujando, agarrando. No quería ganar, quería apabullar.

¿Como era yo como jugador? Creo que era bastante peleón. Buenos movimientos de espaldas al aro y buena muñeca. Mi esfuerzo debía de ser mucho mayor en defensa cuando estaba en Primera División ya que en ataque contábamos con americanos que tenían una mayor responsabilidad anotadora. En otras divisiones evidentemente tenía un rol más protagonista.

He tenido la suerte de poder jugar al máximo nivel en un deporte de equipo tan bonito como el basket, de poder aprender de jugadores y entrenadores de altísimo nivel y, creo que muy importante, de divertirme mucho.

Creo que lo más importante es que aprendes a formar parte de un equipo, a trabajar y disfrutar para conseguir un mismo fin, que evidentemente es ganar, pero también a saber aceptar el “rol” que cada uno tiene, a ayudar al compañero, respetar al contrario, asumir las derrotas, aprender de ellas, tratar de mejorar continuamente.

He tenido, más que el placer, el honor, de poder compartir viajes, entrenamientos, partidos, discusiones, risas con todos los jugadores con los que he tenido la suerte de conocer y jugar con ellos, en el mismo equipo o siendo rivales. Y gracias a Dios sigo disfrutando de la amistad de un gran número de ellos.

A nivel personal, sigo casado con la misma persona que me lleva aguantando durante 28 años , Marta, y tenemos cinco hijos (tres chicos y dos chicas: Javier, Carlos, Iciar, Andrea y Bosco). Los chicos son más futboleros. ¡¡¡Qué horror¡¡¡

Sigo practicando deporte: pádel, tenis, bici de montaña y casi a diario salgo a correr. Cuando puedo me gusta coger olas con el ‘bodyboard’ en Cantabria. El basket lo dejé hace tres años por los continuos viajes de trabajo que me impiden estar en Madrid los días de entreno de los ‘carrozas’.

A nivel laboral y después de diversas experiencias en banca y telecomunicaciones, estoy muy relacionado con el deporte. Actualmente soy el responsable de una empresa de apuestas deportivas Sportium para la zona de Levante, basado en Valencia.