Jim Grady: Abogado en la ‘liga del cambio’

Jim Grady: Abogado en la ‘liga del cambio’
A su llegada a Manresa en 1983.

Javier Ortiz Pérez

Jim Grady jugó la primera Liga ACB, la 83-84, en las filas del entonces denominado Ebro Manresa. No lo dicen solamente los números (21,3 puntos y 7,3 rebotes): según los análisis de la época, cumplió. Se trataba de un pívot de 2,06 tirador, resolutivo en ataque, aunque algo frágil bajo los aros. El equipo bajó.

Formado en la universidad de Gonzaga, había entrado en la quinta ronda del ‘draft’ de 1977, elegido por los New Orleans Jazz. No llegaría a jugar en la NBA, y sí bastante en el baloncesto europeo. A Manresa llegó procedente del Bartolini Brindisi italiano. Y después, aunque no repetiría en la máxima categoría, sí lo haría en nuestro país en el Mataró de Primera B.

Aunque reconociendo que le resulta sorprendente que contacten con él después de tanto tiempo para hablar de aquella época, confiesa que “disfrutó mucho” en España. “Tengo recuerdos muy profundos de aquella experiencia. Lo que más recuerdo es lo apasionados que eran los seguidores que venían a nuestros partidos. Era una multitud que siempre estaba entusiasmada y nos apoyaba, incluso si perdíamos. No siempre ocurre así en el deporte, así es que fue una experiencia refrescante para mí”, apunta.

A Grady también le gusto mucho el estilo de vida “tranquilo” de España y “la comida”. “La vida en América puede ser a veces muy estresante y ocupada, pero los españoles siempre parecían encontrar tiempo para relajarse un momento, sobre todo delante de la mesa con una buena comida. Era divertido compartir cómo iba el día con los amigos. Es algo que echo de menos”, añade.

¿Y como jugador? ¿Cómo se ve a sí mismo? “Me gustaría ser recordado como alguien que daba lo máximo en cada partido y que creía sobre todo en el equipo, no en las actuaciones individuales, en la estadística de los puntos. Incluso ahora, cuando veo un partido, creo que hay algo de hermoso en una jugada bien ejecutada, con muchos pases. Todavía juego en alguna liga y me encanta cuando un equipo le gana al otro sin ser favorito a otro que es mejor”.

Y es que dice que le va bien la vida. “Después de jugar al baloncesto fui a la Facultad de Derecho y me convertí en abogado. Soy socio de un gran bufete en San Diego (Gordon and Rees LLP) y me encanta mi trabajo. Mi especialidad es la seguridad en los productos financieros (acciones, bonos, ‘options’). Todavía sigo bien físicamente y ya digo que sigo jugando al baloncesto, además de hacer tenis y natación”, escribe.

Educadísimo el tío. “Espero que sea suficiente información. No estoy seguro de que vuestros lectores tengan mucho interés en viejos jugadores como yo, pero yo conservo grandes recuerdos de España y estoy encantado de ayudar”, apostilla.