Gregor Fucka: Un superclase de 2,15

Gregor Fucka: Un superclase de 2,15
En el Barcelona.

Javier Ortiz Pérez

A Gregor Fucka la mayoría lo tenemos fresco en la memoria y pocos pueden decir que no se tratase de un jugador superlativo. Suele recordarse que el Barça de la primera Euroliga, la del 2003, se construyó bajo los cimientos de Dejan Bodiroga, pero él no fue menos importante. Su fichaje ofreció un ‘plus’ indudable para los azulgranas.

Estamos ante un jugador raro, sobre el que se dijo a menudo que sufría una enfermedad que le impedía acumular grasa. Así que ahí le teníamos, con 2,15 de estatura y pudiendo jugar perfectamente de ‘3’ gracias a su enjuto y hábil cuerpo, aunque en España lo hizo mayoritariamente de ‘4’. Sus manos son enormes. A ese armazón le unía unos grandes fundamentos. Y es que el hombre era una mezcla perfecta entre la calidad técnica balcánica (nació en Eslovenia) con la fiereza italiana, la nacionalidad con la que prefirió jugar internacionalmente (oro ante España en el Europeo de 1999 y plata en el de 1997). Tenía un aspecto frágil, pero nada más lejos de la realidad.

Pronunciado ‘Fuchka’, en el adorado Blog de los deportistas olvidados se recuerdan varios datos claves sobre él: entre ellos, que llegó a Trieste (a apenas diez kilómetros de la frontera eslovena) con 19 años y que era ambidiestro, lo que le otorgaba una ventaja extra ante sus defensores. En plan ‘crónica en rosa’ se añade que ha estado casado dos veces, una con una italiana y otra con una catalana.

Tras brillar en Trieste, Milán (en ambos sitios coincidió con Bodiroga, un gran amigo suyo) y la Fortitudo de Bolonia, llegó al Barça en el 2002 y permanecería cuatro temporadas, donde además de la Euroliga (17 puntos y 6 rebotes en la final ante la Benetton, no hay que olvidarlo) sumaría dos Ligas ACB, una Copa y una Supercopa. También estaría un año en el Akasvayu Girona, de nuevo con Svetislav Pesic en el banquillo, para totalizar 192 partidos en ACB (9,9 puntos y 5,3 rebotes en 26 minutos).

El hombre apuró el baloncesto todo lo que pudo: jugaría otras cuatro temporadas en Italia (una en Roma, otra en Bolonia y dos en el Pistoia) hasta abandonar definitivamente a punto de cumplir los 40 años en el 2011. De nuevo su peculiar físico le permitió tanta longevidad.

Regresó a Bolonia, donde regenta una escuela de baloncesto. Basado en su enorme experiencia, dirige entrenamientos específicos individuales, incluso a jugadores de élite o que pretenden llegar a ella. Se sabe que, por ejemplo, ha pasado por sus manos Adriá Gasol. Marc y él fueron compañeros en Girona. Lo hace junto al que fue su preparador personal durante buena parte de su trayectoria, Pino Grdovic, un hombre clave en su vida (ex entrenador de Zadar y Olimpia de Ljubiana, por cierto).

También se le pudo ver en el Eurobasket del 2013 comentando partidos para la televisión eslovena. Fue entonces cuando le contó a Vladimir Stankovic, de El Mundo Deportivo, cómo le iba. Sus dos hijas gemelas, de 14 años, jugaban al voleibol y tenía otro chico, de ocho, que practicaba el fútbol. Preguntado por cómo recordaba sus años en Barcelona, respondió que “con alegría y nostalgia. Pasamos muy buenos momentos. No los olvidaré nunca”.