Nick Davis: ‘Junco’ con rastas en Cáceres

Nick Davis: ‘Junco’ con rastas en Cáceres
El día de su llegada a Cáceres (Foto: El Periódico Extremadura).

Javier Ortiz Pérez

Nick Davis. Solamente cuatro partidos en España como temporero (un mes) en el Cáceres de la temporada 2001-02 que dirigía Alfred Julbe. Fue un jugador ‘incomprendido’, en el sentido de que tenía calidad y podía haber aportado bastante, pero en aquel entonces (y ya han pasado unos años) no se entendía bien que un pívot, y sobre todo norteamericano, fuese tan delgado.

Davis, a cambio, era rápido, y tenía sus recursos, moviendo con habilidad sus 2,07 (algunas fuentes le dan 2,04). Pero no cayó en el sitio correcto. El equipo buscaba su personalidad, deshaciéndose por la lesión de Andre Turner y las constantes derrotas, algunas tan terribles como la del día de su debut, un lacerante 117-70 ante el Tau en Vitoria.

Después de una mala actuación aquel día, el chico, que exhibía, además de su físico de ‘junco’, unas espectaculares rastas, mejoró poco a poco, aunque con ese aroma heterodoxo que transmitía. De hecho, su mejor partido fue el último, ante Fuenlabrada (17 puntos y 10 rebotes). Pero a esas alturas ya estaba sentenciado y su puesto lo ocuparía un jugador mucho más experimentado, Deon Thomas.

Nuestro hombre había jugado en la Universidad de Arkansas y había ofrecido buenas estadísticas en Puerto Rico y Japón. Y, hablando de Japón, creo recordar que su fichaje fue una recomendación de un entonces desconocido ‘Piti’ Hurtado, que era ayudante de Julbe y que entrena ahora en el país del sol naciente.

“El tiempo que estuve en Cáceres fue bueno para mí”, recuerda ahora Davis, que, en fin, se ha cortado el pelo. “¡La comida era excelente!”, exclama. “Era la primera vez que jugaba en Europa, así es que el estilo para mí era complemente diferente. Sé que si hubiese tenido más tiempo hubiese podido demostrar que merecía la confianza, pero no pudo ser”, añade.

Después siguió coleccionando países, como Italia, Francia y Venezuela, pero su predilección siguió estando en los mercados puertorriqueño y japonés. El Tokio Apache fue su último club registrado, en el 2009.

“Yo era sobre todo un reboteador y haber podido jugar casi 13 años profesionalmente después de salir de la universidad es un orgullo para mí, pese a que muchos equipos no confiaron en mí porque era tan delgado. Ahora el baloncesto ha cambiado y ves a muchos pívots que no son anchos, pero en aquel entonces todos querían a tíos grandes ahí abajo”, resume.

Lo mejor de todo es cómo se gana la vida actualmente. Aunque nacido en Manhanssett, una pequeña localidad en el estado de Nueva York, reside en Arkansas, supongo que como reminiscencia de su época universitaria. Pues bien: “conduzco un camión de 18 ruedas y me encanta”. Sí, uno de esos trailers interminables. Ahí queda eso.