Corey Brewer: Poderoso ‘point guard’

Corey Brewer: Poderoso ‘point guard’
Caja San Fernando.

Javier Ortiz Pérez

Llamativo para empezar que Corey Brewer, un nombre no especialmente habitual (no es John Smith, digamos) se llame exactamente igual que un jugador de la ‘clase media’ de la NBA, aunque el ‘nuestro’, el que jugó en España, es base y no alero, para empezar a marcar diferencias.

Brewer era un ‘1’ no especialmente alto (1,86), pero sí muy potente físicamente, rapidísimo, y al que no le importaba chocar con los grandes cuando penetraba a canasta. Según comenta, “nunca he tenido miedo de trabajar duro, desde niño. Jugar como alero en ‘high’ school me aportó algunas cosas cuando cambié de posición. La ética de trabajo era mi clave porque siempre supe que podía mejorar contra cualquier debilidad que tuviese”.

Poseía además un sobresaliente tiro de tres puntos que le hacía especialmente peligroso. Fue un gran hallazgo del Caja San Fernando en la temporada 2001-02 procedente del Biella italiano. “Tenía que demostrar que podía jugar en la segunda mejor liga del mundo. Me sentí realmente bien jugando en Sevilla”, recuerda. “Algunos de mis mejores partidos fueron allí”, añade. En el cierre de la liga regular consiguió su tope, 37 puntos frente al Gran Canaria, incluyendo un obsceno 17/18 en tiros libres.

Aquel año descubrió también los aspectos positivos de otra cultura como la española. “Andalucía y Arkansas (su estado natal) se parecen poco, aunque sean los dos el sur. Pero en Europa te das cuenta de que vives tu vida mucho más que en los Estados Unidos. Aquí hay demasiadas normas”, dice entre risas.

El Estudiantes fue sobre seguro con él, jugando en Madrid dos temporadas con el subcampeonato liguero de la primera como ‘highlight’. “Estuvimos realmente cerca de ganar el título. Fue una gran sensación llegar a la final contra el Barcelona. Nos faltó poquito, pero fue un gran camino hasta ese momento. Éramos un buen puñado de jugadores y entrenadores que lo hicimos realmente bien”, apunta.

En lo personal le quedará siempre haber conocido a su esposa, una española llamada Yolanda. “Fue en un viaje con el equipo. La vimos en la estación y les dije a mis compañeros: mirad, me voy a casar con aquella chica de allí. Es una gran mujer que cambió mi vida. Sé que es difícil estar con un jugador de baloncesto, pero no sé qué hubiese hecho sin ella”.

En el 2004 marchó a un histórico como la Virtus de Bolonia, a la que ayudó decisivamente a ascender a la A-1 tras años de problemas económicos. “Estoy seguro de que allí volví locos a lo entrenadores. Pero metí un tiro en el último segundo para ganar el campeonato y eso no se olvida”. Fue el inicio de una ‘gira’ por Grecia, Bélgica y Croacia (“Lo hice bien en todos los sitios en los que estuve, pero empecé a estar algo viejo y a tener lesione”).

En la temporada 2008-09 ocurrió lo inesperado: el regreso al Estudiantes. Fue justo cuando estaba pensando en dejar las pistas. “Me afectó no haber podido llegar a ver por última vez a mi abuela porque estaba en Croacia y odié el baloncesto”. Esa segunda etapa su papel fue otro, menos protagonista, pero le sirvió para llegar a los 140 partidos ACB (13,1 puntos en 25 minutos).

Con 35 años, en la 2010-11, tuvo una última aventura española, en Lleida, en la Adecco Oro (8,1 en 19,4). En la actualidad trabaja en Baker Hughes Oil, una potente compañía petrolífera en el estado de Oklahoma, el mismo que le acogió durante su etapa universitaria. Es ‘MWD field specialist’, que es algo así como un especialista en medir vía ordenador la calidad en la extracción de crudo. “Es un buen trabajo”, asegura. Con Yolanda tiene cuatro hijos. Ambos también cuidan de su perro español, un yorkie llamado ‘Lulu’.