Thierry Zig: ‘Microondas’ temporal

Thierry Zig: ‘Microondas’ temporal
Recién llegado al Gijón a finales del 2001.

Javier Ortiz Pérez

20 partidos en el Gijón 2001-02, dos en el Unicaja 2002-03 y otros nueve aquella misma temporada en el Granada. Fue el balance de Thierry Zig en la actual Liga Endesa, al que habría que añadirle otro contrato temporal también en la 2002-03 en el Tarragona, de LEB. Aún tendría un cuarto equipo aquella agitada campaña, el Racing de París.

Era un base-escolta francés muy explosivo físicamente, experto en salir desde el banquillo e intentar revolucionar los partidos, un poco al estilo de aquel Vinnie ‘Microondas’ Johnson de los ‘Bad Boys’. Desafortunadamente, en Asturias, adonde llegó tras la lesión de Borja Larragán, no surtió el efecto deseado y el equipo descendió, mientras que sus aportaciones en Málaga y Granada no fueron muy relevantes. En sus 32 partidos ACB promedió 5,7 puntos en 17 minutos, mientras que en Tarragona sí que mostró una efectividad tremenda: 14 puntos en 19,5 minutos y un 41,7% en triples.

“Lo que más me queda de España en la mente es la gran atmósfera de baloncesto que había en cualquier sitio donde jugases. Me gusta el interés que muestran los aficionados allí. Todos eran muy cálidos conmigo y me ayudaron a sentirme cómodo en el país”, cuenta ahora. Por cierto que es lo hace gracias a Samuel Nadeau, un gran amigo suyo que es quien nos ha puesto en contacto. Otro ‘colega’ suyo es Tony Parker, con el que coincidió en el Racing de París y en las categorías inferiores de la selección, aunque Zig nunca llegó a debutar en la absoluta.

“Creo que como jugador, yo era sobre todo un competidor. Soy muy apasionado cuando me gusta algo y voy al cien por cien a por ello. Podía hacer un poco de todo en una pisa. Mi objetivo cuando empecé a jugar era ser mejor que bueno en todo, sin defectos”, añade entre risas.

Después de España estuvo unos cuantos años más jugando. Aparte de en su propio país, donde ganó el concurso de mates del All Star en 1997, lo hizo en la República Checa, Chipre, Italia y Bulgaria. Hasta en su momento sonó para el CAI Zaragoza, pero aquello no se concretó.

Ahora vive en los alrededores de París impulsando un programa de campus para jugadores profesionales. “La mayor parte de lo que hacemos lo he creado yo. Tengo obsesión por la perfección y conozco el único modo de estar lo más cerca de ello: con trabajo”, destaca.

Tiene dos hijas (“intento ser un buen padre”) y se reconoce como una persona muy creyente. “Estoy escuchando y aplicando lo que Dios me dice que haga”, apostilla.