Xavi Ventura: El antes y el después de un talento

Xavi Ventura: El antes y el después de un talento
Muy joven en el Joventut.

Javier Ortiz Pérez

La de Xavi Ventura es una de esas historias que provocan cierta melancolía. Hay coincidencia entre quienes le vieron en plenitud de facultades: era un jugador excepcional, de unas cualidades físicas y técnicas por encima de la media. Pero en su historial solo se registran seis partidos ACB (Joventut 2001-02). ¿El motivo? El de tantas otras carreras torturadas: las lesiones. O, en su caso, una en concreto, que marcó un antes y un después.

Base, de 1,92, fuerte y rápido, decidido de cara al aro. Con apenas 19 años se acercaba a los 20 puntos de promedio en la Liga EBA. Manel Comas le dio la oportunidad en el primer equipo verdinegro en lo que parecía el primer capítulo de una larga trayectoria en la élite. Las cesiones tenían que darle más minutos y permitirle crecer. Pero no.

En diciembre del 2003, cuando jugaba en el Cosmópolis Badajoz de LEB-2, se rompió la rodilla, un momento que cambió su vida definitivamente. ¡Estaba promediando 17,1 puntos y 3,1 asistencias con un 44% en triples! Pues bien, ligamento cruzado nuevo y vuelta a empezar. Sus siguientes intentos de regresar a las canchas no terminaron de ir tan redondos. O al menos no volvería a ser el mismo jugador luminoso de antes.

Se convertiría en un habitual de la LEB-2/Adecco Plata, ya sin moverse apenas de Cataluña, decidiendo priorizar sus estudios. Sí tuvo un momento en Oro, con el Huesca 2010-11, en el que desde luego no desentonó. Seguía habiendo talento ahí adentro. Un año antes, en el verano del 2009, había realizado una prueba con el Obradoiro. Hubiese sido hermoso verle otra vez en la Liga Endesa, pero no la superó.

“Era un jugador muy explosivo y descarado, muy vertical con un gran primer pase y intentando controlar el ‘tempo’ en todo momento”, se autodefine. “No empecé casi a tomarme en serio dedicarme al baloncesto hasta que no ganamos las ligas de Alcoi con Joan Plaza y Randy Knowles, donde empecé a hacer triples sesiones diarias”, añade.

“El recuerdo que me queda es mucho sacrificio y trabajo diario, mucha competitividad. La mayoría de las veces se hace necesario tener un poco de suerte para poder tener más o menos oportunidades. Esa situación inestable y casi siempre lejos de casa hace que tengas que madurar y ser muy constante”, apunta.

Su último equipo en categoría nacional fue el Mollet (EBA) en la 2012-13, con el objetivo de disfrutar del baloncesto. Darle un impulso a su formación académica le ha terminado resultando rentable: ahora trabaja como ingeniero en Dynacast España, una empresa líder en el campo de la inyección de piezas de precisión en el mundo de la automoción, cosmética, electrónica , ferretería… “Desde pequeño me apasionaba entender el porqué de muchas cosas que me encontraba diariamente y pude compaginar los estudios con el baloncesto”, destaca.