Serguei Babkov: Ruso idolatrado en Málaga

Serguei Babkov: Ruso idolatrado en Málaga
Cinco años en el Unicaja (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

No lo neguemos: en el baloncesto sentimos una atracción especial por los que meten, incluso si se saltan los sistemas o lanzan en posición poco favorable. Es más: cuanto más difícil es un tiro, más nos emociona si entra. Serguei Babkov cayó muy bien en Málaga (y algo menos en Badalona) por eso: metía de forma bestial sin que nada ni nadie pudiera detenerle. Y esos puntos estaban al servicio de un equipo que, pese a no ganar aquella Liga del ‘no triple’ de Mike Ansley, sí hizo historia.

En aquel ecosistema que tejió Javier Imbroda, Babkov era el ‘cañonero’, un tipo de enorme precisión que, sin embargo, había llegado siendo bastante desconocido. Sí, había jugado el Mundial del 94 y tuvo una parte de mérito importante en la plata de los rusos, pero llegaba de una liga como la alemana que no era precisamente de primera fila. En el Trier había sido el máximo anotador de la liga con 24,1 puntos por partido, todo un aviso.

Pues nada, cinco años se pegó en Málaga, siendo muy querido por una afición que empezaba a despedirse de Ciudad Jardín para empezar a hacerse fuerte en el Carpena. Sus demostraciones no tuvieron el premio de un título, pero sí el reconocimiento general y un último contrato en España en el Joventut, donde no lució tanto, aparentemente machacado por los problemas físicos que le hicieron entrar y salir de la plantilla. En total fueron 215 partidos ACB con 16,4 puntos por partido y un 38% en triples.

Pero no era simplemente un tirador lejano. También podía hacer más cosas, como subir el balón o buscar la canasta mediante penetraciones. Y tenía buenas piernas. En acb.com hubo una sección en verano del 2013 en la que se recuperaba el clip de una jugada espectacular del pasado. En su caso, un brutal mate ante el Real Madrid. Para el que no lo haya visto, merece la pena darle al click.

Desde que se retiró en el 2001 ha ejercido como entrenador en su país e incluso en la selección rusa en el 2004. Ahora es director general en el último club en el que jugó, el Lokomotiv de Novosibirsk. Es su ciudad natal y está situada en Asia central, a 3.500 kilómetros al este de Moscú.

Sus vínculos con Málaga no se han roto. Tanto le gustó aquello (no es raro) que se compró una casa en Benalmádena y se asoma por el Carpena de vez en cuando. Hace un año aproximadamente, Enrique Miranda, del diario Sur, le entrevistó y aquí está el vídeo, en el que demostró que se defiende con el español.

Preguntado por esa época tan clave vistiendo de verde y morado, comenta que “fueron unos buenos años en mi vida, los más felices que he vivido (…). El primer año jugamos la final (…). Siempre queríamos estar entre los primeros. La gente siempre nos apoyó y todos los recuerdos son buenos”.

Os dejo con algo que he rescatado del foro de acb.com y que se publicó en la revista de la Peña ‘Tito Paco’. Lo escribió Curro Ávalos referido a él y expresa muy bien qué tipo de jugador y persona era Babkov. Se titula “A mi viejo camarada”.

“Han pasado muchos años, pero en mi mente lo mantengo vivo. Por entonces yo contaba con 21 años recién cumplidos y él, con aquella cara de despistado y esa pose de turista perdido, no era, que digamos, el mejor ejemplo de jugador líder cuando le vi entrar por primera vez en Los Guindos. Introvertido y trabajador, poco a poco nos fue conquistando a todos. Su idioma fue la constancia y el placer por el trabajo. Su lema, entrenar, entrenar y entrenar.

No he conocido jamás un jugador con esa honradez y humildad. Por entonces, Javier Imbroda nos lo repetía constantemente; debiamos trabajar duro, cada dia, sin mirar al horizonte futurible que se nos avecinaba, y en todo caso, echando la vista atrás y recordando de donde veniamos y quienes eramos.

Aquella primera temporada de Babkov con nosotros fue una lección inenarrable y básica para todos. Aprendimos a querer sufrir en la cancha y a no levantar el mentón tras la victoria más allá de donde aflora la soberbia. Conocimos a un hombre, a un compañero, capaz de arrojar lágrimas en el vestuario pidiendo perdón por su actuación y autoadjudicándose el error global de la derrota sufrida en un duelo que dejamos escapar. Jamás he visto nada igual. Bob era único.

Casi siempre me tocaba defenderlo en los entrenamientos y yo, que era un mandado, trataba de ponerselo dificil. Pero mi amigo el ruso, que eso sí, era frío como el acero y tenía talento de sobra, superaba mis pruebas con extraña facilidad y sin quejarse. Fue entonces cuando entendí, que éstos, los del Este, son de otra pasta. Han nacido para éste deporte.

Y así fue como Bob caló en nuestros corazones y seguro que en el de los suyos. Se compró casa en Benalmádena, aprendió español y se hizo hueco. Incluso empezó a sonreir. Hoy vive en su ciudad natal, Novosibirsk, esa que no nos la podía mostrar en el mapa pues no salia pero que estaba en Siberia, esa que no alcanzaba casi nunca los 0 grados centígrados. Al parecer entrena al equipo de allí y cumplió el sueño que siempre tuvo.

Me dijeron que hace unos días pisó el Carpena. Me hubiera encantado haberle saludado de nuevo y haber compartido viejas anecdotas pasadas. Si le ven, acuérdense de saludar a mi viejo camarada y díganle que quizá algún día volvamos a juntarnos en la cancha. Solo para volver a reunir a aquellos alumnos del curso 94/95”.